Irisados elementos comineados
cuyas lucideces truecan con las emociones
siderales; cuyas narices son las
linternas voladoras del propio gene que les dio
fructíferas vidas. Arrinconados a las estrellas
por sus virtudes se vacilan cosas como
encantadas y dilectas; se peinan a las puras
violencias innecesarias y ya son misterios colgados a
la tristeza. Observadoras tan Penta vocálicas
se presienten en su término solo de una
existencia tan poderosa mientras las consonantes están
de fiesta nostálgicas y ausentes. Es que hay un zanjón que pedía
mucho tanto así que toda su edad de oro se
levantaba solo al tocarlo en su martirio ante
un arbusto generoso quemándose en la llama de un
beso asimétrico y risueño. Ivette Mendoza Fajardo
La pesadilla en las capas
del ozono La estancia sufre en el
espacio de un abrazo quieto Un murmullo zodiacal a
través de la nostalgia Con orejas y parlantes la
edad maullaba La noción del tiempo que
comenzó el conflicto La mezquindad con que se
elaboran las directrices. El reto que sopla la cara
de las necesidades Y una placenta que acusa la constante primaria de
lanzamientos románticos y la hemorragia silicona
del atributo. De la sensualidad inmolada
de reingreso a la poesía A la inauguración y nivel
de tiesura del método euclidiano Encontramos Pacificación por el
impertérrito almanaque lunar La imposibilidad del lado
izquierdo de la boca de un ordenador. Emoción mutua con los
colores del cuarto creciente de la luz Resultados psicométricos
de luna testaruda gimen, mosquean las horas de
tostar verdades Cielos unitarios de
siestas fúnebres expresan: su desamor a la bolsa de
valores a la infancia ninfómana de
bienaventuranzas multiplicadas con hocico
abierto con el desánimo de la
Torre Eiffel rechazan la pastilla de
cuerpo encorvado y formula renovaciones
minimalistas. Ivette Mendoza Fajardo