Patología del déficit
La alcancía de infección indócil yace
enferma,
bajando por el ascensor del tiempo sin
reproche.
Cura económica al final del diagnóstico,
o señal de una devaluación desatendida.
A su crédito, semeja una fiebre remolona,
sin capital, sin inversión, con salud
vulnerable.
Convaleciente comercial. Se liquida en la
mente,
mientras se aprende a endeudarse
productivamente.
No importan las deudas asintomáticas con
interés,
ni el capital achacoso, ni la mortal
inflación,
si, al fin y al cabo, incomprensible,
seguro y quieto,
el déficit siempre se prescribe como
recaída médica.
Y el mercado bacteriano tampoco tiene
protección
al ser una brújula competitiva, volátil y
devaluada.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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