El Papachayo (Poesía Surrealista)
Poemas Abstractos, Surrealista , Oníricos,Poesías, Poeta Nicaraguense Ivette Mendoza Fajardo (Ivette Urroz), Nicaragua, Managua América Central, sacuanjoche, Poemas Contemporaneos, Poemas
miércoles, 12 de agosto de 2026
El cráneo de los objetos
La alborada de la imagen desvía ruidos
impecables.
Vértices de la sátira
La sátira mordió la cortesía
con la dulzura acre de un insecto.
Allí, el desprecio se vistió de júbilo
y la escena se quebró en polígonos.
La audiencia celebró aquella geometría
con un fervor de estatuas complacientes.
Cada arista ardía entre los hielos
y cada llama mendigaba sombra.
El recelo tensó vértices oblicuos
mientras el deseo olvidaba su nombre.
Reinó entonces la derrota teatral
bajo un silencio colmado de rumores.
Solo una boca, alegre y lúgubre,
supo descoser la risa de los ángulos.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.
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martes, 11 de agosto de 2026
La niñez de los amaneceres
Almas flexibles de infancia
que sonríen dentro de las pieles del rocío,
porque en una espiral de musgo
un sueño sustantivado perdura para siempre.
El tiempo de tregua, despojado de cenizas,
extiende sus latidos más firmes que el
crepúsculo,
y ahora un destello lo amordaza
mientras tiembla el firmamento.
Entonces los ritos clave del silencio
hacen imposible ver una melodía
reflejada en la sombra del presagio
de una página en blanco.
La célula de la explosión imaginaria
carga la niñez de los amaneceres,
entregando aquello que un fulgor del
universo
reclama desde una red cósmica de ternura.
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lunes, 10 de agosto de 2026
Metáforas lloradas
Un alma respirada de estrellas
en metáforas lloradas,
espuma estelar su exhalación
de astro sordo y solitario.
Su caligrafía de espera y palabras
estiradas
a cada giro se transforma en puntos
siderales
que desean ser versos, poemarios y
letras de fuego que aún centellean
dentro de una espina astral.
Cuando todo se desborda hacia la nada
en aire fresco y pitagórico,
se mantiene el verbo desde sus partes
más oscuras, sincronizadas dentro del amor;
la madrugada tiene un cuerpo de terciopelo
que ahora desea ser un fragmento de luz
bajo el ritmo lúcido del tiempo,
para una tierra sumergida en un ocaso
líquido,
construido desde la emoción.
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domingo, 9 de agosto de 2026
La querencia del infinito
La existencia blanca, trigonométrica,
los labios mansos, rumor en el viento,
la cifra circular, olor de olvido
y las formas hechas de fuego.
Una conciencia escalando el túnel
de Dante hacia Fuenteovejuna.
Una silueta esbelta, unos bordes infinitos,
las espigas de la soledad, caudales de
sueños,
danzas célticas de melancolías estelares
y el gesto superfluo, prisionero,
ante el sol impasible.
La sombra cae inútil... y, en su tumulto,
una querencia por el alcanfor de la vida
que no levanta olas en el mar de la
eternidad.
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sábado, 8 de agosto de 2026
El estornudo antiaéreo
El decoro duerme dentro de un huevo
cósmico,
el párpado de la fama atraviesa las
paredes,
la turbia sonrisa lleva un pájaro en la
espalda
y nadie sabe dónde van sus pasos.
Los mundos portátiles envejecen bajo el
agua,
el linfoma de la puerta aparece sin
permiso,
deja sus garras necias sobre alguna mesa
y vuelve hacia un giro inexistente y
bifocal.
La riqueza es un vaso desahuciado y harto
si alcanza, arrepentida, a darle sed al día
y mantener la gloria en su estornudo
antiaéreo.
La excusa quizá sea una ventana en una nube
que ignora quién contempla desde afuera;
el triunfo, un animal vestido de oro
muerto.
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viernes, 7 de agosto de 2026
El viernes de la materia
Para aquel armario galgo, la erosión era
la dolencia telefónica de los charcos
tristes;
ignoraba que un código simétrico, desde muy
lejos,
descifraba cabal la tarde en una esfera.
Se decretaba libre el claustro del sabor
profundo,
mientras el aire rastreaba el texto de los
reflejos,
y charamusqueaba en torno a objetos
compasivos
que el cinturón de castidad guardaba a su
manera.
El viernes, funcionario y sirviente de la
altura,
capoteó lentamente su lágrima caníbal
tras un bastidor de intuición púrpura.
En aquel momento descendió el timbre de la
materia:
llovía trigo capaz de meditar el hambre en
el queroseno,
y el trolley cargaba la obsidiana contra la
cercanía.
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Milagro cocinado en perfume
Feliz en calorímetro, bajo un clima
oblicuo,
un decolorante instruye al encebollado;
la lluvia magistral dobla una miopía de
yeso
y un diccionario pule un rompecabezas
herido.
Aquí tabletea, intacto, el desaliento del
penacho,
mientras el guion de la maleza incendia el
olvido;
ninguna cocina tenue corrige el acantilado
ni el verde insólito remienda hojalatas con
muletas.
Replegado resulta el humo de una
desmemoria,
capaz de discutir con la lanza de Aquiles
la brevedad excesiva de un milagro cocinado
en perfume.
El celular infértil administra su
plastilina orgánica,
un charco de cabezas revela ovillos
memoriosos
y las fieras del tiempo pierden un poema en
la queja.
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jueves, 6 de agosto de 2026
La creolina del bochorno
Es un campanario blanco y jovial que
derrama
su moraleja sobre una cuchara festiva;
un trazo de tormenta, bajo nieve distraída,
pregona los delirios ebrios de la tarde.
Se escucha un espejismo, y un puño ecuánime
desprende un chiste de destino parricida;
un derrumbe corrige la falla lúcida de los
muros
y deposita asombros en el laberinto verbal.
Entonces la aridez rutinaria se expande
y la creolina del bochorno se trueca en
mesa,
apadrinada por risas apócrifas.
Después, el corredor exhausto mineraliza
los bordes de una mañana ululante y
desolada,
mientras algo mide su distancia entre las
nubes.
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miércoles, 5 de agosto de 2026
Mercurio en la nostalgia
La miel impotente desmantela las nimiedades
de la muerte
bajo una lámpara de pretéritos breves.
Unas manos colmadas de dogmas
y confusiones helénicas
peinan el mercurio disuelto en el volumen
de la nostalgia.
La boca azul, testigo de la ortografía
patriótica,
inverna en los trenes de Vancouver.
Se clausura el pensamiento con un retazo de
abandono;
se quiebra un hilo verde y permanece el
agua tensa.
Los aromas del exilio, que siguen su curso
bajo la inclemente retirada,
suscriben un eclipse sin hogar.
La obediencia agita lentamente el rumor
y aprende a ladrar en latín, sin freno.
Una fuerza brutal de telenovela
plancha la sombra de los relojes con raíces
infinitas.
El rostro de la investidura recibe
dictámenes de cartón;
el rocío multipolar sentencia a los peces
inocentes.
En el fondo del abismo, un panfleto,
extraviado junto al monólogo del polvo,
sueña con regresar a la agonía insuperable.
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domingo, 2 de agosto de 2026
Guantes de luz boba
Detrás de la parsimonia aletargada
y del cuero cabelludo declamatorio,
se expresan dos relámpagos vencidos,
succionando la maraña del teclado.
El paso ausente del píxel será alterado
para que florezcan visiones y delirios
calvos,
y en el estampado de rectitud malsana
desmenuzarán el giro incomprendido y el
miedo.
Se oprime lo eterno, guantes de luz boba,
suavidad de piedra condenada, de luna y
algarabía;
por los codos primarios del tiempo
flagelado
se va destartalando la tórtola de la
injusticia.
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sábado, 1 de agosto de 2026
La mácula binaria
A veces la exósfera se crispa con la mácula
binaria,
vive apenas, con lémures serviles bajo los
párpados,
y exhibe la evidencia de bramidos
correligionarios
mientras la igualdad desangra sus cátedras
sumisas.
Algún triunfo abre un grito perpendicular
al silencio,
centellea sobre la nieve anónima del número
cinco
y emerge del sarcófago aquella muñeca
difunta,
embaucada por la sintaxis de un verbo
penitenciario.
La pregunta se prolonga entre artificios de
algas bancarias;
una fuerza centrípeta degusta el mal de los
calcetines
y reposa, instigando la noche durante una
eternidad,
sobre el pedestal herbáceo de unos ojos
ortogonales.
La inercia paraliza el hambre hasta
tornarla indescifrable,
hostigada entre el dogma, la impostura y
el látigo del alba.
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jueves, 30 de julio de 2026
La relatividad embotellada
Se codifica un espasmo galáctico en el seno
de la tarde
y se retarda el aceite yodado a un año luz;
se añade una acción terapéutica sin
constelaciones
y se desiste del pulso entre rayos gamma
aún líquidos.
En la dosificación del telescopio se
observan ojos prestados;
bajo la epinefrina hierve una escalera
astral,
se purifica un diámetro con glucosa que no
solloza
y se anuncia Júpiter con fiebre de
gramática oral.
Se diagnostican horizontes con precauciones
congeladas,
se asemejan entre sí la semioscuridad y los
lunes vacunados,
se remodelan fracasos en voz baja dentro de
los cometas;
se juzgan virus eclípticos ante frascos
sedentarios,
se entierra como termómetro una dosis de
mármol rábico
y se captura la relatividad en botellas de
nebulosa planetaria.
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miércoles, 29 de julio de 2026
Angustias de trigo sosegado
En el rugido de los sayales, algo llegó a unas manos
que todavía olían a domingo y a infancias de ardillas;
la luna expectante descendió con pompa, llevando el poema
de la tarde, y dejó escombros en la opacidad de la luz.
Donde el cielo extravía las sombras de sus bolsillos inútiles,
se fabricaron botones de horizontes con harina prenatal;
la ternura de la idea se desbordó sobre paraguas de lesiones
grandilocuentes, y se abrieron dos ojos hostiles en la niebla.
Quedó en la saliva el sonido de palabras presagiadas,
pobladas de gorriones engomados y campanas de alacranes;
durmió una parábola en la madera branquial de la pelvis.
Giraron versos con escamas entre silencios rosáceos.
Hubo angustias de trigo sosegado entre nidos de pan:
del reposo de los sueños sin heridas nacieron letras vivas.
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que todavía olían a domingo y a infancias de ardillas;
la luna expectante descendió con pompa, llevando el poema
de la tarde, y dejó escombros en la opacidad de la luz.
se fabricaron botones de horizontes con harina prenatal;
la ternura de la idea se desbordó sobre paraguas de lesiones
grandilocuentes, y se abrieron dos ojos hostiles en la niebla.
pobladas de gorriones engomados y campanas de alacranes;
durmió una parábola en la madera branquial de la pelvis.
Hubo angustias de trigo sosegado entre nidos de pan:
del reposo de los sueños sin heridas nacieron letras vivas.
martes, 28 de julio de 2026
La eternidad líquida del pez
Detrás de un edén animado se alzan
basílicas,
y cada techo carnal aprende a fingir su
desilusión.
Se cree en la explicación que brindan las
antenas,
mientras una larva entre lágrimas pesa más
que el cimiento.
Nada aparta al yeso cantarín de su vocación
de ruina.
En piedra dolosa se esculpió la
adolescencia de otros,
y el polvo, ordenado en lozanías agotadas,
erigió altares para naves de llantos
aprensivos.
En cárceles insomnes de agua, las púas de
la pupila
confunden sus esternones con matrices
inexpresivas.
Todo reflejo ondula al recordar su risa
disecada.
Solo el rojo pusilánime sostiene la
afabilidad del sueño,
devuelve los jardines errantes convertidos
en lengua,
mientras un pez de eternidad líquido dicta
el nombre
de la basílica.
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lunes, 27 de julio de 2026
Anatomía de un sonido enfermo
Una mácula de carne ojeriza calibra el
sonido
al decorar un átomo de hueso que aún cruje
su instante visceral con ladrillos de
saliva,
y un saxofón que enmienda la sordidez del
techo.
Desde lo alto se improvisa el aire desigual
con ondas recocidas hacia una mañana
exánime,
donde se descubre la obsidiana lerda de la
noche
y una piedra musical ensaya su garganta.
Perturbados en el tiempo babilónico, el
silbido
y la tormenta se adoran sin elogio ni
reposo;
se discute: el verano ha irrumpido en
pentagrama.
Las curvas de la sombra y el cielo mezclan
prodigios;
la mácula detiene la cabellera de la
armonía,
y la alabanza enferma en el cemento de lo
cierto.
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viernes, 24 de julio de 2026
La burocracia espectral
Se arrojan las raspaduras afligidas al círculo
primogénito.
El ritual se vuelve espina y lanza sátiras
iracundas al planeta.
Una quizás reticente motoriza una tenaza
que sondea la velocidad.
El vericueto abre, ante el vulgo, sus
balbuceos de espantapájaros.
La pesquisa azul de la mañana talla la
horquilla de los ojos.
Desde la declamación, un decreto espectral
corrige la escena.
Baila el achiote del antifaz mientras el
suelo se descalza.
Lo bifocal se resquebraja y aprende a mirar
hacia dentro.
Decide la burocracia, abierta como un
delirio sin casa.
Allí se aclimata una deuda hecha de humo y
de enebros.
Porque la deuda de la cuerva verbal, al
fin, ¿qué puede ser
sino una luz de ojos desviados que ha
perdido la concentración?
Sé de léxicos sumisos sobre la metalengua
de esta pelota,
que agota el umbral del porvenir con el
polvo umbilical de mis huesos.
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Ivette Urroz.
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El párpado de la materia
El follaje de fuego, madrugado, saborea las
cornisas.
Nace una alegría, notaria de la siesta
abolida.
En la huida, una voz asoleada entre colores
subyugados
pregunta dónde impone su rigor un pino
dormido y sin espalda.
El pensamiento se desplaza hacia una
montaña inmóvil,
donde las chozas obsesivas beben frescor
por las ventanas
y los torrentes del pánico peinan, con
dedos de hierba,
la doble penumbra de unas piedras dementes
y ciegas.
En el cráneo funciona una serpiente de
aprendizaje estival:
proyecta una luna menesterosa sobre el
párpado de la materia.
Al cesar el nardo turbulento, el sol
octogenario es retirado.
Persisten en el cielo turbaciones de
alientos sin memoria;
la noche, latigada, las disuelve con
triángulos podridos,
y quedan fragmentos de agua harapienta
después de la partida.
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miércoles, 22 de julio de 2026
Memoria lapislázuli
Se vio, en un homenaje mortificado y con un
grillete tunco,
cruzar un reino balbuciente sobre una
escoba,
mientras un sol de peces ambulantes,
vestido de alcachofa,
engendraba sentencias diminutas en la ingle de
los asientos.
También un párpado fantasmal, por rutas
cóncavas,
oyó a una falange rebelarse en miedo
pordiosero;
sus pestañas cazadoras, en mamelucos
alojadas,
lo proclamaron república de frutas
insumisas.
Se sabe que las camisas lastimadas, al
mediodía,
desembocan en un tacto falaz de pulgas y
campanas
y en un coro de cucharas de memoria
lapislázuli.
Mas nunca se derrumba un cetro de ceniza
matutina
cuando ordena sus razones bien planchadas,
aunque la mañana desemboque en un diente
conmovido y esquivo.
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martes, 21 de julio de 2026
Sonrisas de tierras porosas
Las sonrisas excitables de las tierras
porosas
desclavan de la noche dos velas indolentes;
graban en el mármol un mundo clarividente
y le descomponen al fisco sus muecas
tediosas.
Podrán empapar cien siluetas hogareñas
con el bienestar apologético de las
epidermis;
podrán fermentar doce nubes empalagosas,
tatuando calendarios huidizos sobre los
rostros.
Mas ni un grito petrificado bajo calentura
ni un búho vanidoso con birrete y doctorado
alzarán el fósforo nupcial de su arrumaco
inseguro.
Ninguna endorfina ilusionada podrá
resucitar,
aunque se vuelva un reloj de temor
condecorado,
la metafísica luz enrollada en aquellas
sonrisas.
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lunes, 20 de julio de 2026
La tachuela que perdió el martes
La tachuela agobiada pierde el martes,
con cresta de berenjena y manos fósiles;
se desmigaja en una virtud de vidrio,
mientras la ley del mutis hace pucheritos.
De vez en cuando levanta una escalera,
se acuesta en lo alto mientras el sueño
pela cebollas,
y un privilegio mágico le hace compañía
contra las puertas que desvían los minutos.
Antes del último temblor cuadrado,
algo desconsolado queda entre las sábanas;
una axila conflictiva se doblega en el
suelo
y ocupa cada espacio de la noción del
tiempo.
La médula, enfadada, sin saber a quién
pertenece,
se enamora del error que la azota sin
clemencia.
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sábado, 18 de julio de 2026
Los timbres del rocío
Un burócrata-sillón de nostalgia sin
archivos
persigue un tesoro que muda de identidad.
Los nervios del zapato cobran entradas
indolentes
y la ley, en el mercado de la palabra,
oficia la ceremonia de la muerte fría,
con pechos de oficina.
La cautela se pudre bajo llave de
anécdotas.
Otros duermen bajo preguntas arácnidas,
arrastrando sus calamidades encorbatadas.
Se despoja al azar con una brújula enferma.
Una respuesta caída del cielo extirpa
la glándula pineal recién inaugurada.
En los escritorios, los timbres fuman
rocío.
El látigo mezquino respira carroña.
La nicotina orina sobre la modorra verbal
de una nube.
Las ruedas de la mesa aprenden a esfumarse
y duermen vestidas de cielos rasos caducos.
En el podio, el vacío turbio bosteza
tras el cristal que incuba el basurero.
En su estómago alquitranado yace
la voz innavegable de la derrota.
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Ivette Urroz.
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viernes, 17 de julio de 2026
La gramática del pecho desolado
Las poesías desayunan en el pecho desolado;
arribaron tarde, en una limusina apenada.
Había un poeta de los viernes mientras
los relojes suizos se duchaban con ceniza.
Desde un ramaje peregrino, una metáfora
escamada reposa dentro de una taza de café;
el sol, distraído, se desprende de su
nombre
sobre la mesa, con alivio,
y una aliteración enciende chispas
de nieve lúcida.
Esta vida, ya mitad materia plástica,
en su otra mitad conversa con sillas
amorosas
y resguarda cierto calor bajo la lengua
desleída.
Mas la gramática no cabe en el costado:
se pone un sombrero, atraviesa el humo
taciturno
y retorna al origen sobre una tilde infeliz.
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miércoles, 15 de julio de 2026
Bisturí del grito fallido
Bisturí del grito fallido, de blancura
vanidosa,
destronas el vendaje de un mal apenas
curado,
galaxia ineluctable; como alacrán, resistes
las suturas de los días, tensas al
estallar.
Caries del aire, filo ácido del parche,
en yodo te expandes y del ungüento renaces,
contienda de sueros, inyector centelleante,
camilla trémula y rauda, doliente y
pesarosa.
Hermano del dolor sobre un esparadrapo
infausto
de gasa y sangre, ampollas de vientre azul,
estruendosas, cubren las ruinas del
quirófano.
Resortes de la incisión vespertina, viejo
intento,
placenta de caídos rotulando albores
medicinales
bajo el taladro amargo de su éter polar.
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2026
Ivette Urroz.
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domingo, 12 de julio de 2026
Hondonada para karatearte
Este es mi celo planchado, corpulento, casi biónico,
por un hierro estéril, allanado en blancura y quejas,
a fuerza de kung-fu, mientras pulo mi estigma negligente,
tras noches sin subsuelo, me alzo para karatear mi sombra.
El calcio de mi esqueleto ha despertado a un gladiador,
tras los barrotes de una biosfera en diluvio que envejece;
recibo los golpes cálidos que incendian días y noches
en un mundo donde mis manos de inquietud se han llagado.
¡Hondonada de los aires que en mi pecho empieza a latir!
Pliegue de yudo que se enloda en aguas encubiertas,
me asombro ante mi infancia que custodia sus movimientos.
Sucumbo de rodillas bajo patadas voladoras, salomónicas,
como un Hércules de pensamiento exhausto,
mientras la muerte me ciñe un cinturón oscuro.
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2026
Ivette Urroz.
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por un hierro estéril, allanado en blancura y quejas,
a fuerza de kung-fu, mientras pulo mi estigma negligente,
tras noches sin subsuelo, me alzo para karatear mi sombra.
tras los barrotes de una biosfera en diluvio que envejece;
recibo los golpes cálidos que incendian días y noches
en un mundo donde mis manos de inquietud se han llagado.
Pliegue de yudo que se enloda en aguas encubiertas,
me asombro ante mi infancia que custodia sus movimientos.
Sucumbo de rodillas bajo patadas voladoras, salomónicas,
como un Hércules de pensamiento exhausto,
mientras la muerte me ciñe un cinturón oscuro.
La luz encabritada de la cocina
Quiero poseer el popcorn neoclásico de tus
ojos.
Me retracto mientras la quesadilla
perturbada
de la noche sale al vecindario
a buscar la soledad que dejaste en el queso
fresco.
Mi vida tiznada envejece como un autobús y
se ocupa
de lavar los bejucos de ese otro mundo mío.
Si hablar del recipiente yuxtapuesto es
amamantarlo,
yo, recipiente vilipendiado junto a tu
flanco,
salgo de un parlante hambriento, en un acto
de inmolación,
y me reconozco en la purificación de tu
magia.
Mi luz encabritada devoró un relámpago
en una sopa de frijoles y terminó henchida
dentro de un email desequilibrado, donde me
conmoví
ante el simulacro asustado de perderte.
¡Adiós! Me quedo entrampada, persiguiendo
el ping pong
de la yerbabuena que todavía me deja tu
sonrisa,
grafiti borrascoso sobre mi amuleto de
chef.
Soy las flechas abatidas de mi fuego
extinguido
en la cususa matinal del último entremés.
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sábado, 11 de julio de 2026
La flauta de la blancura
Con la blandura de mi nerviosa flauta,
duermo la tierra de la eterna blancura…
¡Círculo de gracia que, sobre mi piel mortificada,
enseña a mi corazón cenizo el lamento!
Gozo en la sintonía alucinada de la espera;
entre los vastos ramajes, mi música se quiebra
y sorprendo, en el fondo de la pesadilla impura,
la canción de Hamlet, herida por el mundo.
Entre las ciruelas del misterio y la luz opaca,
en el fruto de la carne hallo mi orilla de alba
y sostengo su estallido en el arbusto abatido.
¡Me reduzco, encendido, a una blanca melodía!
En mis ojos enfadados han llovido cardos…
el río es sumiso, colmado de piedras confundidas.
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Ivette Urroz.
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duermo la tierra de la eterna blancura…
¡Círculo de gracia que, sobre mi piel mortificada,
enseña a mi corazón cenizo el lamento!
entre los vastos ramajes, mi música se quiebra
y sorprendo, en el fondo de la pesadilla impura,
la canción de Hamlet, herida por el mundo.
en el fruto de la carne hallo mi orilla de alba
y sostengo su estallido en el arbusto abatido.
En mis ojos enfadados han llovido cardos…
el río es sumiso, colmado de piedras confundidas.




































