La eternidad líquida del pez
Detrás de un edén animado se alzan
basílicas,
y cada techo carnal aprende a fingir su
desilusión.
Se cree en la explicación que brindan las
antenas,
mientras una larva entre lágrimas pesa más
que el cimiento.
Nada aparta al yeso cantarín de su vocación
de ruina.
En piedra dolosa se esculpió la
adolescencia de otros,
y el polvo, ordenado en lozanías agotadas,
erigió altares para naves de llantos
aprensivos.
En cárceles insomnes de agua, las púas de
la pupila
confunden sus esternones con matrices
inexpresivas.
Todo reflejo ondula al recordar su risa
disecada.
Solo el rojo pusilánime sostiene la
afabilidad del sueño,
devuelve los jardines errantes convertidos
en lengua,
mientras un pez de eternidad líquido dicta
el nombre
de la basílica.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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