La gramática del pecho desolado
Las poesías desayunan en el pecho desolado;
arribaron tarde, en una limusina apenada.
Había un poeta de los viernes mientras
los relojes suizos se duchaban con ceniza.
Desde un ramaje peregrino, una metáfora
escamada reposa dentro de una taza de café;
el sol, distraído, se desprende de su
nombre
sobre la mesa, con alivio,
y una aliteración enciende chispas
de nieve lúcida.
Esta vida, ya mitad materia plástica,
en su otra mitad conversa con sillas
amorosas
y resguarda cierto calor bajo la lengua
desleída.
Mas la gramática no cabe en el costado:
se pone un sombrero, atraviesa el humo
taciturno
y retorna al origen sobre una tilde infeliz.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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