El párpado de la materia
El follaje de fuego, madrugado, saborea las
cornisas.
Nace una alegría, notaria de la siesta
abolida.
En la huida, una voz asoleada entre colores
subyugados
pregunta dónde impone su rigor un pino
dormido y sin espalda.
El pensamiento se desplaza hacia una
montaña inmóvil,
donde las chozas obsesivas beben frescor
por las ventanas
y los torrentes del pánico peinan, con
dedos de hierba,
la doble penumbra de unas piedras dementes
y ciegas.
En el cráneo funciona una serpiente de
aprendizaje estival:
proyecta una luna menesterosa sobre el
párpado de la materia.
Al cesar el nardo turbulento, el sol
octogenario es retirado.
Persisten en el cielo turbaciones de
alientos sin memoria;
la noche, latigada, las disuelve con
triángulos podridos,
y quedan fragmentos de agua harapienta
después de la partida.
Copyright
2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.