Hondonada para karatearte
Este es mi celo planchado, corpulento, casi
biónico,
por un hierro estéril, allanado en blancura
y quejas,
a fuerza de kung-fu, mientras pulo mi
estigma negligente,
tras noches sin subsuelo, me alzo para
karatear mi sombra.
El calcio de mi esqueleto ha despertado a
un gladiador,
tras los barrotes de una biosfera en
diluvio que envejece;
recibo los golpes cálidos que incendian
días y noches
en un mundo donde mis manos de inquietud se han llagado.
¡Hondonada de los aires que en mi pecho
empieza a latir!
Pliegue de yudo que se enloda en aguas
encubiertas,
me asombro ante mi niño interior y sus
movimientos.
Sucumbo de rodillas bajo patadas
voladoras, salomónicas,
como un Hércules de pensamiento exhausto,
dispuesto a morir sin abandonar el combate.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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