El dado cutáneo
Se agacharán los
petardos:
el cepillo
hará su trabajo
en silencio,
derramando
cornucopias
sobre láminas desveladas.
Luego será
hebilla,
crujido de
hemoglobina encendida,
espuma en fuga de
catedrales,
hambrienta,
temprana.
Pero el sistema
operativo
sonará bajo
olfatos de neón,
irá apaciguando
el dado cutáneo,
amortiguando su
indigestión.
Y finalmente
vendrá la fibrosis:
fatiga de
reflejos extrajudiciales,
otra vez más
cinemática,
otra vez más
dulcificante,
bajo una duna
lenta.
Ivette Mendoza
Fajardo
Derechos
Reservados