La cosquilla del cuarzo
Tibia hondonada, navío impaciente,
hojalata herida que al suponer se balancea,
en la noche intrépida lame cinco mil
fuegos,
perdiéndose en la cordura gris ya bien disfrazada.
El faro, en retazos multicolores, evalúa
sobre horquetas y kilos del tiempo su
sacudida;
en la gemología divina los lapsos olfatean
y electrifican protoplasmas de bengala.
En sus postigos los errores eran gafas
indómitas
y caía de sus látigos un jade feroz y
maniatado;
sus breves pasajes eran el reto del
bolillo.
No cabe en la casilla del cuerno
complaciente
que hoy confiesan sus dudas, caporalmente,
para enlazar los vórtices en la cosquilla
del cuarzo.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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