Bronce en el cuello
Los milímetros duros de la vida
se miden por aleaciones y reveses.
Oro y plata ajustan su dictamen
sobre la vuelta breve del estrado.
Hay un reflejo frío de la herida
pegado al costado del esfuerzo:
resistencia, sudor,
bajo cintas ciegas, con más brillo.
Banderas y clamor al pie del podio;
la marca persiste, aunque serena.
El tropiezo también figura y pesa.
Ay, qué descalabro el del que pierde:
solo queda brindar con la reserva,
con un amargo bronce en el cuello.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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