Hilachas de tragedia
Ojos tercos siguen mirando
las pausas sucias
abiertas en la gruta del miedo.
La noche duele
cuando cruza el pecho
como un violín ardiendo
sobre el instinto.
Dos botones oscuros
sostienen su lengua
de aire dormido
bajo el cerco de la magia.
Se quiere leer
en la cara fría del madero
una respuesta.
Pero no.
Sólo hay hilachas de tragedia,
espuma de estrellas guturales
sobre los cardos heridos
de los párpados.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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