Jarabe gatuno
El callejón, vertiginoso, va hipertenso
y se tropieza, abrumador, al recado
del jarabe gatuno que estrangula
el verdecer de la poesía que enferma.
Y es amarillo ungüento de blanco tormento,
la sustancia de un bisbiseo cerebral
que se extiende hasta una metáfora de
alivio,
fluctuando sus ayes en aguas benditas.
Una vez, maremotos pétreos del cuerpo,
bajo la derrota clara, en cuyo dolor
la carne protesta: la palabra mezcla el
cartílago
del talle largo del resquebrajado silencio.
Un brebaje de baba revive en la butaca que
pide
pastilla Divina, pero sigue fuera de
servicio.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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