Bramido de ámbar
Los corpiños son como un oleoducto:
comprimen el grillete y lo recalientan.
Al petróleo le sube un bramido de ámbar
por el tanque y el cuello de la brea.
En el derrame se pisa alquitrán negro,
donde un pozo ciego perfora el enclave.
Tibio bajo la costra, el fondo mastica
una lengua de sedimento que no responde.
Barril contra barril se va rastreando.
La epidermis aceitada entra en circuito:
más fuga da la pieza que más cimbrea.
Arde, y como afloración, lo blando
se arrima a la tubería; bajo la ranura,
su lodo funde el borde, no la herrumbre.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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