De ociosas cremalleras se tornean inicuas,
fotografía su desenfreno en bigote
retorcido;
es complaciente en la cumbre binaria
que el crepúsculo calcina con palabras prestadas.
La página que el adoquín maúlla
quiebra su aleación, conmovida, en riesgo,
como axila de la historia en su último
modelo:
se enrosca y brama.
Sus nervios, en inútil esfuerzo,
cuando la gelatina de la calma numera
en la máscara de la tarde al descubierto…
Hay asperezas eléctricas en sus audífonos
y parece aculturar los labios en
un germen de válvula urbana.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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