Voltaje doméstico
El sándalo pierde su empeño en la maceta
si un adiós sin mesa corrige el sustrato;
el rubor, vuelto mezcla de pintura y agua,
pasa a la quimera como voltaje doméstico.
Nadie discute esa mecánica mansa:
deja en la orilla una calma de cocina,
pone el naranjo del día en su sitio
y quita el tallo a la parte más torpe del
incienso.
Solo una presencia de candelabro,
revisa el pasillo, dobla la toalla
y cambia la atadura por una luz utilitaria.
Por eso, al rodear la espalda,
la mano va despacio por los quitasoles,
como si allí quedaran piezas perfumadas.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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