Parábolas para un museo muscular
Mortaja con sonido de alfabetos
viene restando las gafas de la balanza;
garabato lloroso de elásticos pastiches
renovó el museo —los músculos que repiten.
Una ola busca el arco de la angustia,
cae al fondo del tiempo en parábolas
justas;
quedan sus diques secos, asimétricos,
ante lo que, flotando, se recrea.
Retiene, con ímpetus voluntarios, la
mañana,
semejante a un patín en plenitud,
con residuos de cuerpo y retablo.
Un superego flotante y terco cae:
que muerda su esencia cerebral, que tuerza
el instinto
y exprima al mundo, agotándose en el motín
de sus orejas.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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