Postales del pedimento
El envoltorio, dura ironía instantánea,
se seca en basalto con tal prisa
que, demolido al llegar, se vuelve calcáreo
para lubricar entre los tendones.
Los matasellos son más que modales:
un paquete atado, fiel a la ficción.
Habitan la soledad, el ánimo de la cornisa
y el revés oculto de las sorpresas.
Cajas de registros, de rutinas rápidas,
encienden direcciones, lumbres y
estampillas
en el camión anónimo del pedimento.
Como si el envío no tuviera nombre:
apenas agota el ruido de sus manías
y marca los senderos de su ruta postal.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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