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domingo, 12 de julio de 2026

Hondonada para karatearte

Este es mi celo planchado, corpulento, casi biónico,
por un hierro estéril, allanado en blancura y quejas,
a fuerza de kung-fu, mientras pulo mi estigma negligente,
tras noches sin subsuelo, me alzo para karatear mi sombra.
 
El calcio de mi esqueleto ha despertado a un gladiador,
tras los barrotes de una biosfera en diluvio que envejece;
recibo los golpes cálidos que incendian días y noches
en un mundo donde mis manos de inquietud se han llagado.
 
¡Hondonada de los aires que en mi pecho empieza a latir!
Pliegue de yudo que se enloda en aguas encubiertas,
me asombro ante mi niño interior y sus movimientos.
Sucumbo de rodillas bajo patadas voladoras, salomónicas,
como un Hércules de pensamiento exhausto,
dispuesto a morir sin abandonar el combate.
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.



La luz encabritada de la cocina

Quiero poseer el popcorn neoclásico de tus ojos.
Me retracto mientras la quesadilla perturbada
de la noche sale al vecindario
a buscar la soledad que dejaste en el queso fresco.
Mi vida tiznada envejece como un autobús y se ocupa
de lavar los bejucos de ese otro mundo mío.
 
Si hablar del recipiente yuxtapuesto es amamantarlo,
yo, recipiente vilipendiado junto a tu flanco,
salgo de un parlante hambriento, en un acto de inmolación,
y me reconozco en la purificación de tu magia.
 
Mi luz encabritada devoró un relámpago
en una sopa de frijoles y terminó henchida
dentro de un email desequilibrado, donde me conmoví
ante el simulacro asustado de perderte.
 
¡Adiós! Me quedo entrampada, persiguiendo el ping pong
de la yerbabuena que todavía me deja tu sonrisa,
grafiti borrascoso sobre mi amuleto de chef.
Soy las flechas abatidas de mi fuego extinguido
en la cususa matinal del último entremés.
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.



sábado, 11 de julio de 2026

La flauta de la blancura

Con la blandura de mi nerviosa flauta,
duermo la tierra de la eterna blancura…
¡Círculo de gracia que, sobre mi piel mortificada,
enseña a mi corazón cenizo el lamento!

Gozo en la sintonía alucinada de la espera;
entre los vastos ramajes, mi música se quiebra
y sorprendo, en el fondo de la pesadilla impura,
la canción de Hamlet, herida por el mundo.

Entre las ciruelas del misterio y la luz opaca,
en el fruto de la carne hallo mi orilla de alba
y sostengo su estallido en el arbusto abatido.

¡Me reduzco, encendido, a una blanca melodía!
En mis ojos enfadados han llovido cardos…
el río es sumiso, colmado de piedras confundidas.

Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados. 



viernes, 10 de julio de 2026

Los pasillos de mi insomnio

Mis pies vencidos, con intención doméstica,
atraviesan muchos siglos:
mi claridad está hecha de papel.
Soy vestigio que hace el amor todo el año
sin sellar mi talento ni mi pudor.
Desierto adolescente, desnudo en mi cuarto,
allí desordeno las mañanas de guiño incierto
hasta el grito de mi cama,
sin ningún pote de pintura,
sin ningún tropiezo.
 
La ruta de una moto recorre mi espalda
y lleva el aguardiente de un lenguaje demencial
contra el plumero del aire.
Soy el esfuerzo de viejas mareas que camina
con la vida en la mano,
enterrado en mi pasado,
bajo una sacudida de agua,
encontré cuernos de topacio tornasol.
En el dialecto de una tierra temerosa
vi la caverna del miedo borrarse
desde mi nuca hasta el alma,
para siempre.
La torre de mi soledad,
bajo un horizonte llorado,
guarda lenguas de aves cautelosas,
nítidamente plasmadas
en la histeria de mi espejo defectuoso:
tu culpa ausente
en los pasillos carnales de mi insomnio.
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.



Gradiente de un sol comprimido

Flujo de paz en la enciclopedia térmica que me pule;
sombras mecánicas de antaño dilatan el capitel
y desplazan en la noticia calumnias a deshora,
mientras la frigidez propulsa el principio hacia su término.
 
Quizá el rastro se adhiere a mi conciencia silvestre
y esta virginidad del orden me cifra y me prolonga.
Bajo el escándalo medido, mi sentido sobrehumano
condensa las veloces cantimploras de la energía.
 
Todo preserva una sutileza de carbono y caricia,
un temblor cuántico de éteres deliberados,
de locura exhumada, impulsos fríos y descargas residuales.
 
Y aquella movilidad, como un ovillo que jamás se oxidaba,
era una pantorrilla grácil que, encendida, me indicaba
cómo el gradiente de un sol comprimido se disolvía en mí.
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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jueves, 9 de julio de 2026

Chaquiras de la noche feliz y del olvido

Gorros laicos se cruzan sobre mis huellas de cóctel.
De overol azul visto la llave contorsionista.
Vastas marcas de Gucci demarcan mi noche feliz
con mi traje de olvido.
Ostentosos vestidos de gala atraviesan el minuto
de la injusticia bordada en chaquiras.
 
Los senos de la historia textil pierden la cabeza,
y la cabeza rueda con desdén.
El sostén, imantado, agoniza transparente
hasta la lejanía de la piedra suave.
Un bikini de ceniza pura resbala
sobre mi océano de mentol y polietileno.
 
El casco degusta una licencia de conducir
y pichulea la velocidad de mis altos tacones.
Visto la turquesa del presagio
y mi fiel chaleco de topacio flácido
en las pasarelas.
He elegido los laberintos de casimir
por donde la sed del escorbuto se filtra
hasta el nudo de mi bufanda.
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.



La luna hermana del abismo

Osteológica antorcha en el pajar de las molleras.
Los acólitos de los cometas huyen entre dólares.
Me cobijo en los matorrales de un gemido erguido.
¿Cómo se extiende la planicie astral en un mar
de narices bajo un remolino de adioses?
La cuna del sol permanece a un giro de distancia
de mi soledad, luna hermana del abismo.
 
Los gajos de saliva eligen, en sueños arrugados,
otros sueños carcomidos por los ayeres.
¿Cómo amanece el alba evaporada en las fuentes
de lámparas sudadas de luz artificial?
¿Cómo respira mi oxígeno de petaca
sobre el pupitre del viento?
 
Quijadas derrotadas resbalan en la barca de la mentira.
Soy un resquicio viviente en la bondad ruidosa.
Mi partícula porta el pasaporte verde
del minuto extraviado en el anhelo.
¿Cómo renazco dentro de mis huesos
sin derretirme en el fuego estelar de la nieve?
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.



miércoles, 8 de julio de 2026

De la arteria del canto

Pretextos y laceraciones mandibulares
en el legendario desvelo de la arteria del canto
madrugan en mi herida, ante un horizonte refractario,
que hoy ha pasado a ser de nadie.
 
El artificio simula cada día su tensión.
Una fábula se carcajea con hocico de hiena
sobre velas y maquillajes,
entre aromas necios de mala muerte.
 
Entrañas geométricas, bajo un disfraz perpetuo,
alegan desde cascarones de orgullo agrietado,
mientras retratos de existencia plástica mendigan
los manjares de la niebla.
 
Son las hormigas del ritmo nocturno
que, con la gentileza secreta de la tierra,
descosen la leña amenazante
de la ortofonía ovalada
y restituyen en mí
lo que la mentira se llevó.
 
Con la hora reticular,
los mosaicos terroríficos anudan
los espacios de la risa.
 
Su fricción furtiva se dilata
y recrudece hasta destrabar, con impaciencia,
el destierro de mi presencia.
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.



lunes, 6 de julio de 2026

El vocablo menguante

Me arrebata la luna aliñosa hasta el empacho
de contarme su historia discordante.
El remolino textea en su vientre de bemol.
 
¿Dónde arrojas el cóncavo secreto:
como un bostezo blanqueado de estrellas,
como una fantasía borrascosa de murmullo extrañado,
apenas cenizas de platino burbujeante
que se retractan al mirarme?
 
Pulmón de luz que vocifera su sonido
equidistante y áspero, me define
y aflora entre sepulcros abollados.
 
¿Estoy de paso, a la sazón, en el cuarto
menguante que delata mi vocablo?
 
Luna de plata, delegas mi delirio
en la entrepierna del calendario.
 
Estiletes noctívagos y jeringas
de girasoles en media luna
se multiplican dentro de una
noche cargada de palabras.
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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domingo, 5 de julio de 2026

Espaldera de cetáceo

Soy espaldera de cetáceo en la niebla,
ante costas que me insonorizan el talante y aquel almidonado
tránsito, huésped de un ámbar nauseabundo,
sentencia de sal y sermón de branquias que me absuelven.
 
Entre corales del recuerdo, voces paganas en los arrecifes,
se balancea el compás de la diéresis clavada al gaznate oscuro,
arena del paladar, pupila de un canto de espinas que
trae el delfín, vigía de los abismos, el que me ruega.
 
Picos indóciles de edad madura orbitan en los peces,
ya no virtuosos, mas dueños de vasto burbujeo,
entre tributos de rendición y pleamares que deshacen
 
los crujidos espumosos de un viento que medita,
y en el aire que desgarra mis extremidades hay congoja,
entre el amanecer y los que ignoran el cosquilleo de mi instinto.
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.



sábado, 4 de julio de 2026

Zozobra sobre la fotocopiadora

El ganglio despierta mi zozobra
sobre la fotocopiadora.
La grapadora me halaga
frente a la angustia
y me lleva a pasear
sus párpados dentro de un cajón,
con la presteza
de un dígito adiestrado profesionalmente,
con la confidencia
de una tinta reformulada.
 
El teléfono me obstruye,
como un calambre muscular
que se impone ante el achaque
del escáner auricular.
 
Mi piel óptica aboga
mientras se tapa los oídos.
Atrás, el eccema gira
a velocidad de imprenta,
y los formularios,
privados de médula espinal,
activan en mí
un archivo marchito.
Las propuestas de un cuaderno,
como un objeto sebáceo,
examinan la orina doctoral
de un salto seco,
con la encomienda
de una lactancia materna cosida al estante.
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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viernes, 3 de julio de 2026

Rayos cósmicos en la carpeta

Encuaderno un cohete tras la mochila.
Estudio al sirio que camina con las manos en el teclado del ordenador.
Debajo de mi neutra reflexión, enciendo un secador de pelo
quemado para mirar rayos cósmicos con martirios de carpeta,
renegando ante el neutrón del abolengo,
y se aburre mi soledad sideral en el microondas del volante.
¿No fue abundante el meteoro en esa almohada solitaria?
 
Júpiter en la chimenea de los crepúsculos junta la oscuridad.
Hipótesis al margen de un teléfono inteligente,
fotómetro de la esponja encarnada, me concibe
como esfera bajo mis gafas de sol
en el planeta del saludo estelar.
Estaciones espaciales sin pegamento en los pies.
Casamiento de la estratósfera con mi cinturón de seguridad,
abatida entre las tenazas de Capricornio,
beso el cerebelo del tablero centellado,
morriña del diámetro angular del maletero,
como el silencio sepulcral de Andrómeda.
La elíptica de mi sed en el parabrisas despide
la estrella del cepillo acuoso y estresado.
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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jueves, 2 de julio de 2026

Alka-Seltzer regenerador

Alka -Seltzer, gran regenerador del botiquín
del camastro de fibrosis y su deducción,
sobre el mecate deportivo desmilitarizado
de cien patines efervescentes malheridos.
 
Cómo burbujeará siquiera algo que empujaba
por ese engaño ergométrico en tono estertoroso,
mi vaso tan tardío de burbujas debilitadas,
cual único purgante bordeando lo afligido.
 
Que, si lo tomo mal, yo cabeceo lento
al apalear este blanco cautiverio,
mientras la sal me tritura en mil pedazos.
 
Y si me convence desde su comatoso ruego,
que es más creativo y se declara primogénito,
lo aceptaré sin amenazas ni coyundas malignas.
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2026
 Ivette Urroz.
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miércoles, 1 de julio de 2026

Aerofagia del alborozo

Sonrosada chispa de cartílago tachonado,
trepadora en mi vagabunda vena;
me vaticina una nueva cajuela cada noche
y al amanecer una chivata contrapuesta.
 
Allí, mi chompa de manganeso, pitando,
planifica prehistoria tras prehistoria;
y el raspado, entre trabalenguas, tan calloso,
por romper mi aerofagia se atraganta.
 
Confío en el alborozo con mescolanza;
mas las mañas orbitales me oprimen el ombligo,
que, cuando lo aviento al fogón de sangre, se frunce.
 
La galaxia de gallo pinto, gaznatón en mis hilachas,
hurga hambrienta las baldosas del mar, y su impureza,
la artritis inyectada: mi peor cojera en delirio.
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2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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lunes, 29 de junio de 2026

La casa necesita su ungüento

Porque este lunes la casa necesita su ungüento,
se dirige hacia un crepúsculo asexuado.
El porche de uñas cruje sin mis sábanas dolidas
y una toalla pomposa acaricia la humedad del rocío.
 
He de multiplicar un mosquitero de tolerancia:
condominios, centros comerciales, parqueos.
En el piso se regenera el taller que bate mi soledad,
la interrogación, ósea, de los escombros.
 
Paredes matutinas de ojeras en tinieblas.
Descascaro un pecado con erizos de sangre eléctrica
y lo siento en mí como un palco solitario.
No puedo taladrar ni amordazar tu décimo despecho.
 
La logomaquia es un animal de porosa agitación,
un gramófono feroz de lámparas desolladas.
Como una esquina de esperma que tijeretea
mi alma hasta su cansancio,
el corazón hasta su gemido orgástico,
soy mi vestido azul último de la nostalgia.
 
¿El mundo fue un sol de unicornios
en el círculo abultado de un ritmo sin techo?
Su lengua de máquina deshilacha mis náuseas
para vendar mi presión arterial
en el mórbido perfil del grito.
 
Guardo la conciencia milagrosa del helecho.
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2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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Despojo de lo interminable

El olor de los abismos es un despojo
sobre la memoria de lo extinto,
gradual como el temblor de un pájaro doloroso.
Permanece hundido en un firmamento clausurado;
la oquedad es el desliz de un agujero negro.
¿Qué respira adentro?
La mirada se me pierde en las penumbras, por pantanos
ciegos.
Es el olor de lo interminable dentro del enigma del desorden,
un lugar para dormirme afligida en el vacío,
mientras la sombra me borra el contorno.
Es el día que muge y amanece indiferente
al color difuso que se deshace sobre las ruinas
de un cuerpo astillado.
Es una chispa orgásmica atribulada sin desahogo astral.
Es la mano de un fuego alucinante y apagado,
que se alimenta de ideas, de existencias quemadas,
ya sin músicas y con sed de permanecer vivas,
desesperadamente deshaciéndose en el
silencio espiritual desmaquillado.
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2026
Ivette Urroz.
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sábado, 27 de junio de 2026

Arte déco de un alfabeto

Hoy mi contraseña se persigue, libre, monitor a monitor;
las letras ungidas se arrebatan entre sí cada día, cada año.
Desuní contra el viento los vocablos y números adormecidos,
manso reflejo que atrapé, helado y belicoso.

Mis lunares engarrotados rebotan, pestaña a pestaña,
para bogar en las aguas tonsuradas del precepto indómito.
Salto a salto, vi rugir una arenisca razón en pie de lucha,
de victoria, creando salmodias en el alba de mis cabellos.

He dormido hasta el fondo de la palabra, su agua bendita.
Olmo a olmo, contra el arte déco de un alfabeto,
una ley vencida mendiga una coma en el camino.
Sea la piedad de tu mano quien me santifique, palmo a palmo.

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2026
 Ivette Urroz.
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Salpicadura a contraluz

Diviso un cercado de apellidos con alambres de púa,
la libertad de falanges en mis sinónimos.
Aquella monarquía de betún borra las lápidas
y destornilla mi cuerpo
hasta caer en un alfa y un delta convaleciente.

Quizás el envoltorio tenga hambre
por la obesidad del río.
Enjabono los residuos de la guedeja en algún astro.
Ahí mis rastros, en su rivalidad, encuentran
el nitrógeno del amor y su orfanatorio.

La juventud escarpa el fiordo animoso y lácteo,
donde improviso mi discurso, mi ligadura, mi mural.
¿A qué interrogar al pedregullo del aparador destemplado?
La congoja es un calabozo con mucha determinación,
y el colmillo, despiadado,
engaña con campanas neutras
en un follaje malinterpretado.

Detrás de las etiquetas se enfurece la ingle
en la modalidad de una salpicadura
que lincha el tiempo a contraluz.
El maquillaje de los salvoconductos nace mocoso:
¿a quién nebulizarle lo leonado de la ordenanza honda?

Dentro de la dulzaina
se embolsa el humo capataz.

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2026
 Ivette Urroz.
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viernes, 26 de junio de 2026

Ópalo del sueño lúcido

La sabihonda mano, armadura núbil del viento,
el hashtag, mis labios imperativos, desenfadados,
mi Lazarillo de Tormes, sangre enclenque y graduada,
delta incolora, abundante en sueño lúcido,
 
han de guiarme a la morada del silencio, del sueño
y del ópalo musical y ontológico, sierpe del ser,
con un gozo orbicular y siempre paralizado
y un calibrado meollo de luces diminutas.
 
Emprenderé viajes por la seducción de REM,
la captura de mundos frágiles y de terciopelos
que me concedan el latido astral de cada noche.
 
Tantearme theta como una inducción de pájaros,
que solo puede volar entremedio de los ojos,
como un dios semidormido, tocando fulgores violetas.
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2026
 Ivette Urroz.
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Oasis aserruchado

Coeficiente silvestre del camelote librepensador
que, siendo corolario o atadura, viene hacia la derecha,
con disgusto de tazones en mi sonrisa cavernaria
que antes fue idólatra, pero olió palmeras y quedó prendida.

En los mandalas del amor monitorizado
hubo termómetro para medir el ósculo imperfecto
cuando debo filosofar para jugar guanaco
y llegar tarde como un delicado guardallamas.

Atentará contra mi ilusión humoral la mucosa del desierto,
de ojera automática al pigmeo empujón,
atándolo en higos, cactus de dorada persistencia.

Resisto, pues, compartir que del sello retrovisor
saldrá un silbato, cántaro de expresión engrandecido
por el tajador inmortal del oasis aserruchado.

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2026
 Ivette Urroz.
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