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miércoles, 16 de febrero de 2022

Si el río llora es porque las piedras se deprimen

 

Si el río llora es porque
las piedras se deprimen en tus brazos, ahora es la sintonía del verano
quien me pasa un pañuelo entre el alma y el tiempo.
Lo demás es una estancia fugitiva. No queda mucho, apenas,
la natura atormentada guarda pequeños itinerarios de dolor
en la edad de la palabra pecadora.
Sarampión meditabundo como última súplica 
del rito enésimo enésimo, enésimo,
hasta que si calla otorga, quema, sufre,
quema y se enfría… como un rumor
de rieles atascado en mí, como si fuera
mi paño de lágrimas.
¡Ah lo considero muy gentil!, pues dice tener un
gran lugar en el vacío como si todo se sintiera
en una liviana y gallarda blancura,
pero va, va, va más allá de esa
búsqueda continua no de dolor ni de
transparencia sino como de heridas abismales
de lujuriosos placeres hasta el frío arrepentido
del olvido sobre las deshauciadas nimiedades.
¡Lo gentil es un redil prohibido! que se enfada
midiendo la longitud de mis pesares, de los
tuyos que cuando llega la noche abuhada, esta nos
arrastra hacia los mares radiografiados de llanto…
mares que nos atan del cuello. Bien el que
no las debe las penumbras compasivas lo guardan…
Ivette Mendoza Fajardo