Iones con sed
Un rasguño traga su propio ruido
desde la piragua del momento.
El efecto pulsa el corazón,
inventa.
Siembra la noche su disimulo
de antaño;
su química es de alpiste,
su grito final
rebosa.
El rasguño raspó la carne del
reloj del tiempo.
Y en el recorrido, la salpicadura
enclaustra iones libertarios:
sienten sed.
Gira un péndulo el rostro
de la buena idea;
la atadura está en la forma
que empuja, y no es nada.
Se alegran copas del nuevo año,
hay gorros y pitoretas brillando,
no duermen.
Ivette
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Ivette Mendoza Fajardo
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