Bolígrafos solitarios
Pantallas en sed de agua,
esta tarde de azúcar cristalizada.
Nadie las apaga. Yo
escribo sobre el papel que duele
con sonido de medianoche.
Desde este cristal de cumbre
—mi ventana sobre el silencio marrón—
espero que alguien traiga olas,
un rumor, algo.
Frutos de niebla. La mañana
vendrá con su cicatriz pálida.
Mientras, algo sigue cayendo
en el refugio de la historia:
son bolígrafos solitarios
rotando en el aire de un volante
imaginario,
minutos de antorcha sin quemar.
Cada paso que no doy
renueva el espacio,
enfría la alfombra moribunda.
Hace más fresco.
Todo es más fresco. Y vacío.
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© 2025 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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