El siglo se extingue en las cosas
El papel de las cosas, en su acrobacia,
florecía
una mañana de reproche, algebraicamente.
Su aptitud era una apnea ebria, casi
agónica,
que vencía en un costado su ilícita
compañía.
El claustro se cobija cuando el siglo se
extingue,
al acabarse así, abrazando su noche entera,
y un sueño de adoquines, ceñido a
clavículas,
saltó horizontes donde el día se duchaba.
¡Qué denso fue el reptar cuando se dijo!
¡Qué anémico el sueño mal comprendido!
¡Qué renegada la aflicción en su fístula
allanada!
La máquina era torsión. Torsión de vida.
La vida, ese estruendo celeste en su dolor.
Del dolor, la sed buscó su justa medida.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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