Sonaja perdida en un teclado
El dedo encendido toma el mentón
y sube, sonaja perdida en un teclado;
busca, con polea de mecanismo,
la arroba que al fin lo deja entero.
La maroma nutrida, casi tóxica,
ciega inclinación en cápsula de tendón,
insiste en desatornillar la voz de interfaz
que entregue la presión que la conserva.
Como nudo de gravedad queda un montículo,
tenso en su hambre de volverse signo,
apretado en su propio monitor solar.
Que se abra ya la ventana pixelada
y fluya el vocablo, caliente y raro,
hasta dar forma exacta a su esternón.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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