El dolor dentro de una hebilla
Canicas torpes disparan el color contraído
que pule objetos lustrosos sin medida;
simetría vertical, calambre de brasa
vencida,
traslada al hueso su chirrido.
Rutina verde sin soledad ni participio
que ocupa una violencia de arena rendida;
novela vegetal que, en el fondo de su fin,
entrega su sombra mal escrita.
Debe empezarse aquí, junto a su
alucinación,
junto a su especulación nueva de arcilla,
igual que el gozo raro de necias paredes.
Ya no cierra la mancha del dolor para
ennoblecerse;
pero el dolor, de sombrilla a sombrilla,
muele su sonido capataz dentro de una
hebilla.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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