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miércoles, 22 de junio de 2022

Los apuñados de alma

 

Los apuñados de alma, en leucocitos de
mutuos acuerdos donde yacen las interrogaciones,
el preámbulo de su placer es un camello desmotivado de lunas.
Hay congoja en el feudo de tus manos de retorcida inteligencia.
El pastorcillo universal de la anemia demanda
un adagio de molestias, pero ni  las pompas de jabón,
ni la xenofobia del sexo a mitad de su sombra,
contemplan más que esa réplica de temores legítimos,
los espabila, los espabila, los espabila.
Él sabe qué el silencio invernal es una nube donde
nace la tristeza en festones de ilusión.
Proponen pan y sal de envejecido suelo en asustado
paraíso y ante los ojos del bisonte,
su mirada profunda no es un túnel vacío
de ese ocaso valeroso que lo censura.
Es la pendiente temerosa de sus orejas de cautelas.
Fue también por allí que cabalgó demasiado temprano
para que su deshilachar simbiótico mediara ruborizadas penas.
Contemplaciones del embrujo infecundo de esa lentitud,
fanáticos en unión de alfileres con cinturas hacia el exilio
que, sellan sus hombros a este bulto de caricias filántropas,
para luego retornar en castidades poderosas.
Ivette Mendoza Fajardo