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viernes, 18 de noviembre de 2022

Todavía sigue humeando la silueta de los siglos

 

Todavía sigue humeando la silueta de los siglos.
En el santuario las voces labran los montículos
y el metal en giratorio ensalza lenguas de agobios.
Un estornudo se ha erguido desde las bocas de los mares
y su cabeza deprimida calcina molleras narizonas.
Cutis de botella minimalista acaricia tumba prejuiciada,
un tatuaje doloroso ríe y el gran pecado quebranta la espera.
La pubertad un guijarro enloquecido de índigo y fuego.
Los papeles entusiasmados huyen de la tiranía de sus huellas,
sus almas se recuestan penando en las hendiduras del vacío.
Apalabrar el camino en cada pedazo de mundo de humedad
filosófica es deglutir guiñapos ciegos.
Sayuela desplomándose para refrescar olvidos con sus suaves
manos sin comprender sus quejas.
Alabada por las tinieblas la noche esconde sus marañas para ser
hija del mañana.
Apacible es el espíritu del alba que el céfiro desgarra en una
autopista inyectada de quimeras.
Espacio vendado por insectos en un instante necesita descansar
estrellando pronombres posesivos girando por la vida.
Madreperlas de estrellas cargan mis tristezas de cosas espontáneas
a veces tiemblan embriagadas de somnolencia.
Ivette Mendoza Fajardo