El ensueño enrojece mi cabello
demencial
Sobre una palangana se estanca mi
línea recta y perfecta
Aunque pare un enigma de maroma
contorsionista.
Los santos señalaban con los dedos
que era
Sócrates la mano de todas las
parteras.
La infección cerebral que arranca y blanquea
la sangre
Invoca mi cabeza la fragilidad de tu
cuerpo sagrado
que existe bajo un aguacero de dientes
diamantinos.
¡Oh hospitales de la luz, después de
tanto rogar y rogar!
Yo veo el río como acero oscuro en
estado gaseoso.
Pero era como estigma de aguja, de
mercurio y de anestesia
donde hemos enterrado al feto de
cera en el bosque del
quirófano: haré paradigma con tus
labios, en la siembra de plomo,
mientras en mis pechos disfrutas una
insolencia de jarabe caviar.
¿Quién hereda el suelo de mis huesos?
El cirujano
inalámbrico ni pregunta, ni da respuestas.
Mis labios besaron la lejanía del
espectáculo pleno
Los barrotes quirúrgicos de la feliz
y la cruel introspección
Me llevaron al nunca, al foso del
nunca a purgar mi nombre.
Del reloj nacía mi cabello demencial,
y mis ojos
los reciclaron en mis venas.
Ivette Mendoza