La rabadilla del amuleto se adornacon auroras que ojean pardas distancias
fanegadas de inviernos vigilantes.
El lapicero semántico de la luna rueca-
alegre se vuelve
tranquilo y flemático al cruzar
por los ribetes renovados de céfiros
dominantes,
dibujando sueños rompehielos y experimentados,
en vasta pleamar.
¿Qué pasó con el sol ruletero de melancolía
samurái?
Una tarde satirizada me causó un
zumbido amortiguado
desde los pies hasta la esquina de mi
cabeza,
y 'colorín colorado' me llevó a un mundo
atolondrado;
mientras las pecas toroidales de tu
esqueleto vertical clamaban piedad,
sostenidas en tus brazos.
Ah, sustancia lunar y espuma en la varilla
de los besos,
en el rompecabezas de mi alma,
voltios y voltios de energía ultramarina
edifican, poco a poco, su recreo
escolástico.
Y el silencio del torpedo espiritual,
astutamente, guarda su secreto
de daga furtiva y espoleada con astucia sabia y
surrealista,
porque sabe que la hiedra veteada del
conocimiento
radica en la tachuela desamorada…
Ivette Mendoza Fajardo
fanegadas de inviernos vigilantes.
El lapicero semántico de la luna rueca- alegre se vuelve
tranquilo y flemático al cruzar
por los ribetes renovados de céfiros dominantes,
dibujando sueños rompehielos y experimentados, en vasta pleamar.
¿Qué pasó con el sol ruletero de melancolía samurái?
Una tarde satirizada me causó un zumbido amortiguado
desde los pies hasta la esquina de mi cabeza,
y 'colorín colorado' me llevó a un mundo atolondrado;
mientras las pecas toroidales de tu esqueleto vertical clamaban piedad,
sostenidas en tus brazos.
Ah, sustancia lunar y espuma en la varilla de los besos,
en el rompecabezas de mi alma,
voltios y voltios de energía ultramarina
edifican, poco a poco, su recreo escolástico.
Y el silencio del torpedo espiritual, astutamente, guarda su secreto
de daga furtiva y espoleada con astucia sabia y surrealista,
porque sabe que la hiedra veteada del conocimiento
radica en la tachuela desamorada…
Ivette Mendoza Fajardo