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viernes, 14 de marzo de 2025

Saturno y el Espejismo de la Felicidad

 El ruido en el estómago es un aullido de la propaganda,
gallo gallina,
que acompañaba al pie derecho a sonreír como una vela sin timón,
hecha fe. La magra fiebre de cuchillo ilustre avanza erecta en pañuelos
de párpados suntuosos, cual amortiguadores de bombones
verificativos para un sabueso fiel.
Saco de desgracia, en licuadora ventajista y chonetes de resinas familiares,
sus vértigos enchilados logran un jonrón pulcro de animosidades
que los consagra desde un cielo encapotado con ventajas hogareñas.
Sodoma del cristal, falazmente, marca el teléfono de su martirio
universitario bajo la inquisición axilar de los escaparates viscerales
de llaves asustadas, como el golpe del hollejo refrangible, que
ataca sin piedad.
En los maizales seductores del corazón, bajo acuerdos taxonómicos,
algo brillaba alrededor mío,
con circuitos silenciados, ponchados, llenos de piadosas pantomimas
rojas, verdes, rojas, que promulgan sus sombras en movimiento,
espiritual postizo.
Los restos de apetitos caníbales que dejó la recreación
yacen en la palestra temblorosa de lo ilusorio, con ovillos frígidos de añoranzas.
Yo degustaba la amarga corteza oronda de la espera sin novedad alguna;
Saturno era mi renqueante dolor, robándome la felicidad gimnasta donde
permanecí en entrañable montículo de cenizas.
Ivette Mendoza Fajardo