Hilos telefónicos del instinto
El compás entró por la puerta de los
nervios
con una cuchara de cal en la boca,
por la hondura acorralada en el barro azul.
Quien por siglos negó el cigarro del estío
viste ahora su bufanda en la comparsa
con la vergüenza metida en el diente
y un tapete chino
mordiéndole la espalda.
No hay bodega en ese rayo grave:
solo patria con harina,
rodillas de papel,
manos girando como banderillas
sobre una calle sin freno.
Quien por siglos negó los hilos telefónicos
pierde la decencia en una lata,
las santas cadenas en el humo,
el azogue en un golpe de bombo,
la bruma adusta en una silla vacía,
las voces secas,
el salto del instinto virginal.
Copyright
© 2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados