Plácida vitrina
Plácida vitrina, transparente y luminosa;
océano sintético, largo de cuotas.
En el almacén de la euforia pública,
un neón parpadea a la multitud.
De la marca y su depósito, un brillo
dobla la mirada contra el vidrio;
la cartera entra con su deseo de monedas
y se abrocha al impulso de la compra.
Entre letreros y etiquetas, comparece
un consumo con costura y envoltura,
inclinado hacia precios perfumados.
En el parqueo, bajo la calle digital,
un saldo tirita dentro de un maniquí:
grito de oferta, temporada en confeti.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo