Todo es escarabajo
La placa de la vigilia, siempre con recelo,
lealtad al vidrio descosido de la frente;
secuencia en el bagaje del motor, de luz
avara.
Eso sostiene el bullicio del paisaje.
Eso inserta una garra feroz en el tablero.
Por eso las antenas giran sin descanso.
Eso repite su color de estancia.
Ahora la capa de satín es níquel y fichero.
Vivir es entregarse al cañón numeral,
a esa noche de cáscaras y de polvo,
castaña verde bajo el resplandor,
embriagarse en la falla y en el foco,
girar, absorto, ciego de zumbido.
Después de la muerte, todo es escarabajo.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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