Torniquete de madrugada
El sodio abollado por el quiosco de
codeína,
abulia, jarabe, magma y neuropatía,
es una paradoja sin dientes.
Los guiñapos simulan desmaño,
aprenden que los síntomas con lengua
chillona
son frases medicinales
que retozan en las petacas de los males.
Las radiografías
observan a la resina actualizar
la cuchilla flechada,
disecar el eco pululante del nebulizador,
hasta romper el deletreo sanitario de la
camilla.
La amapola del tálamo y su sensor narcótico
apagan la bilirrubina del reloj;
desde allí renombran y someten en
cuarentena
al cono truncado del sollozo y la sonrisa;
detectan desde esa altura encabritada
cómo se enjuaga una vitamina de humo
sobre el torniquete de la madrugada.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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