La cuenta del martillo
Sobre la ventanilla del sueño se apilaban
los libros, la limosna de saldo vencido,
el matasello, la pluma y el tintero.
La aurora dejó un crédito en ruinas:
piernas de valor, capital de fuga.
Un disparo moroso selló
su sayal de cuotas y catecismo.
Su deuda corría con cobre en los bolsillos.
La caja conciliaba la cuenta del martillo.
Otros iban al río
con el subsidio de la tarde.
Hubo ahorro, venta y bono de coraje.
El banco dejó embargo en la lengua.
“Sale a cotizar”:
crujió el arancel del oído.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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