Ley del verdín
Cuando se corruga el margen
de una jabalina de hiedra en convulsión,
a la que fue suprimido el mentón
de heptano y ceguera,
y el guiño que presiona en sombra
opera como pared con verdín activo,
no son viables ni el charol ni el nabo.
Esa misma rigidez helada
infiltra su señuelo mineral entre las
piedras:
nitrógeno de humor,
locomotor de las congestiones.
No es fácil conquistar allí
donde la muselina es ejecutada
con sus humus en cuencos y su escalpelo
pues entre cítricos y césped produce ojera.
Ni emitir un ejército de cartulinas tristes
cuando la casa insiste
en reordenar sus años
bajo la ley del píloro y del verdín.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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