El equilibrio de los refrigeradores muertos
La vida pone una percha cartilaginosa
entre dos refrigeradores muertos.
Sobre ella cruza un tumulto:
un muñeco con vértigo de fósforo,
un cuadrante mortecino y desvaído,
un zapato que piensa en bambú alado
dentro de la boca del incendio, bajo el
cabeceo marino.
Abajo,
los mosaicos mastican clavos de veneno,
y el mundo cae con rostro terco,
con modales de platos rotos, asalariados.
Nada importa:
ni el panfleto arponeado en el congelador,
ni la muralla con sus letras enfermas,
ni la uña pobre de ventanas sin solapas
raspando la última puerta.
La vida no trae hilo en sus espuelas,
ni hiedra de cabellera gris,
ni agua en el pellizco de los dedos.
Trae cable torcido en mitad del aire,
mecha doméstica con pupila abierta;
un barranco repetido mide las tijeras del
vacío
debajo del otro.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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