Que el vino no apague la retina
Reboso lánguido y plácido
es la distancia que cruza la lágrima,
largas uvas perturbadas
la mortifican,
oyen las paredes voces bajas,
mientras crece la piedra turbadora
en el flujo de la palabra.
Que el vino no apague la retina.
Que por deseo silencioso
no se alteren las agujas,
ni salgan sombras del pasillo,
mientras oprime el barril
el sonido.
¿Cómo sostener la fricción
de la tristeza
si el hierro no rompe el tallo
de sus huesos?
No se nuble el vacío del sollozo
antes que se derrame
la cubeta frágil
dentro del pan quemado
de la realidad.
El rescoldo del viñedo no pertenece
al mañana.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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