Nutrientes del poniente
Alguien encajó en el horizonte con voz de
herramienta,
y una paz chauchera adherida a la frente.
Se buscaron en miradores de polvo enseñante
los cables científicos de un tiempo
filantrópico.
Un ademán giraba, lento, como acanelado,
transmitiendo una sapiencia de tuerca y
penumbra.
El talego, resplandor ejecutivo,
ajustaba su dintel con mechas de infancia.
Había una tachuela respirando en las
paredes,
un tojal destronado corrigiendo el
silencio.
La noche movió sus nutrientes astrológicos;
un astro sereno sostuvo su astucia.
Por el libertinaje de estaño anduvo el
sueño,
cargando beneficio, leucocito y enseñanza.
Se quiso cocinar los días temerosamente
con un licor velado en el equinoccio.
Pero un níspero de sombra y cal octava
cerró el poniente desde adentro.
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Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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