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miércoles, 18 de mayo de 2022

Emancipadas ataduras se forman en tu silencio crepitante

 

Emancipadas ataduras se forman en tu silencio crepitante;
las zarpas de la noche, cual húmedas grutas desafiantes.
Vengo del vacío perene de tu presencia, que me hace divagar en
extravagancias ;por esta ansiedad que me mueve la vida de modo sutil.
El tiempo se quiebra en las garras del útero, cual luna tocada por un sol bilioso
que como al corazón, bombea un mensaje circunspecto perdurando
en sentimiento inmobiliario; doliente de clemencia soñolienta.
Tu perfil tiene esa magia de empañar amenidades y en la mente se
cobija satisfecha confiada en su despertar intermitente.
Un pistilo que lucha por ser sendero de ilusiones que madrugan con sus
acentos tercos y rebosan lentamente a mitad de la noche;
ante el ruego es savia y es montículo de tierra que amasas para darme
figura de bisonte; mientras asimilo su calor y su luz dando
temblores y sobresaltos en tu alma sorprendida.
El saludo matinal del virio, oscilante y blanco,
ve subir con retenido esfuerzo la allanada tarde insulsa de las sombras.
Latigazos de corduras encalladas desordenan su desnuda greda
y nos rodea el fastidio, que es un mar oscuro más denso aún que la sangre.
El cielo en cambio está enfermo de liturgias infinitas en las lejanas mañanas
perezosas hurgando estómagos vacíos.
Ivette Mendoza Fajardo