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miércoles, 18 de mayo de 2022

Voy bogando entre suspiros de teatros

 

Voy bogando entre suspiros de teatros exiliados
y la piedad del parabrisas irreverente, timón cauteloso
de las tardes lame tus heridas como un solsticio opalescente
que contempla escaparates lleno de salamandras
en la monarquía de los centros comerciales que
nos atiborran de ilusiones filantrópicas.
Un poste del tendido eléctrico cansado de ser
meado por los perros con un látigo de tinieblas despeñadas
los persigue hasta darles alcance entre la humillación
y el castigo los juzga bajo la dialéctica canina y ante el
león de la misericordia desdeñosa.
La sed de mi cerebro conquista las catacumbas de tus
vísceras y amortajada cruza el reino de los charcos.
En las premoniciones de los fosos, que maquinan la muerte
en cuclillas, enclaustrados en sus diminutos paraísos como
una genealogía de gusanos sin aflicción de nada, el escalofrío
de sus piernas voladoras resucitan parloteando enigmas profanadas.
Ficción de casetas de buses aberrantemente se viste
con coraza invisible, la lluvia se expande en la malacrianza
del techo con linaje de tragedia. Luego le ofrece al
viajante su mano misericordiosa, los buses aflictivos se acercan
disfrazados de sillas alabanciosas de abismos, llovidas de congojas 
dentro de risas musicales, mientras palidece la noche con luces intermitentes,
ya sin auxilio, cual semáforos de calles descarnadas de silbidos.
Ivette Mendoza Fajardo