Prosopopeya oprimida
Se atrofia la tiniebla
a lo lejos,
pupila de lengua brava,
reniega en el empeine de la espera.
En signo de pulgar oprimido,
se sabe que todo sobrevive,
y las ruinas,
ya sin vocabulario,
abollan el esqueleto de la rara
prosopopeya.
Alguna vez queda dicho
que late a rabia y a llanto;
se reafirma que la mordaza
es la mano
de lo inmóvil y de sus evidencias.
Desde este calor que se alimenta
de aullidos y de cansancio,
cae sobre la tarde
el peso del aire sin su música,
y esa sombra
arrincona al amanecer.
Inútilmente se reclama
el regreso del alma a su carne
y no a esta voz baldía
que enfría el cielo
entre la pregunta lanzallamas
y la decisión de nadie.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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