Diviso un cercado de apellidos con alambres de púa,
la libertad de falanges en mis sinónimos.
Aquella monarquía de betún borra las lápidas
y destornilla mi cuerpo
hasta caer en un alfa y un delta convaleciente.
Quizás el envoltorio tenga hambre
por la obesidad del río.
Enjabono los residuos de la guedeja en algún astro.
Ahí mis rastros, en su rivalidad, encuentran
el nitrógeno del amor y su orfanatorio.
La juventud escarpa el fiordo animoso y lácteo,
donde improviso mi discurso, mi ligadura, mi mural.
¿A qué interrogar al pedregullo del aparador destemplado?
La congoja es un calabozo con mucha determinación,
y el colmillo, despiadado,
engaña con campanas neutras
en un follaje malinterpretado.
Detrás de las etiquetas se enfurece la ingle
en la modalidad de una salpicadura
que lincha el tiempo a contraluz.
El maquillaje de los salvoconductos nace mocoso:
¿a quién nebulizarle lo leonado de la ordenanza honda?
Dentro de la dulzaina
se embolsa el humo capataz.
Copyright
2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.
la libertad de falanges en mis sinónimos.
Aquella monarquía de betún borra las lápidas
y destornilla mi cuerpo
hasta caer en un alfa y un delta convaleciente.
por la obesidad del río.
Enjabono los residuos de la guedeja en algún astro.
Ahí mis rastros, en su rivalidad, encuentran
el nitrógeno del amor y su orfanatorio.
donde improviso mi discurso, mi ligadura, mi mural.
¿A qué interrogar al pedregullo del aparador destemplado?
La congoja es un calabozo con mucha determinación,
y el colmillo, despiadado,
engaña con campanas neutras
en un follaje malinterpretado.
en la modalidad de una salpicadura
que lincha el tiempo a contraluz.
El maquillaje de los salvoconductos nace mocoso:
¿a quién nebulizarle lo leonado de la ordenanza honda?
se embolsa el humo capataz.
