Encía del hangar
El aire enrojece la encía del hangar,
se astilla en llamarada de polvo centrípeto
que bloquea con cadena de muelas rotas
y deja una mordida en el hielo del pavor.
El pozo cartesiano abre el limbo de la
turbina,
desprende los frenos de la tarde.
Los golpes son cubetas de intimidad
perdida;
la lupa, una vaporización de caprichos
carnales.
Allí, hímenes centrifugados en sentido
rígido,
retazos vespertinos zigzaguean en soplos
confusos,
roturan, rasgan, congelan sus aspas dentales.
Pero todo se coagula en el fiel instante
en que cae entre síntesis necesarias
y un electrolito limpia sus boquillas temerosas.
Copyright
2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.