La casa necesita su ungüento
Porque este lunes la casa necesita su
ungüento,
se dirige hacia un crepúsculo asexuado.
El porche de uñas cruje sin mis sábanas
y una toalla pomposa seca la humedad del
rocío.
He de multiplicar un mosquitero de
tolerancia:
condominios, centros comerciales, parqueos.
En el piso se regenera el taller que bate
mi soledad,
la interrogación ósea de los escombros.
Paredes matutinas de ojeras en tinieblas.
Descascaro un pecado con erizos de sangre
eléctrica
y lo siento en mí como un palco solitario.
No puedo corregirte ni soportar tu décimo
despecho.
La logomaquia es un animal de porosa
agitación,
un gramófono feroz de lámparas desolladas.
Como una esquina de esperma que tijeretea
mi alma hasta su cansancio,
el corazón hasta su gemido orgástico,
soy mi vestido azul último de la nostalgia.
¿El mundo fue un sol de unicornios
en el círculo abultado de un ritmo sin
techo?
Su lengua de máquina deshilacha mis náuseas
para vendar mi presión arterial
en el mórbido perfil del grito.
Guardo la conciencia milagrosa del helecho.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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