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viernes, 12 de junio de 2026

La huella clausurada

La huella ocupa la cisterna de lo obtuso,
porta un fulgor sin linaje tras haber rozado
dos cartílagos inmovibles;
retiene el tránsito como rumbo de nadie,
y mide el saldo del fausto o del desvío.
 
Bajo su nómina de dureza sosegada
se alojan legajos salobres,
donde fermentan estrías de salitre
y hocicos de un metal lactante.
 
Avanza por la cámara clausurada.
La presión entera la examina
y la consuela.
 
Sólo declina
si un sello de pez le cierra el perímetro.
 
Después retorna la aprensión,
por detrás del basalto y del azogue,
adherida al limo,
y rastrea en la sed el precio de
su contraseña hundida.
Copyright
2026
 Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.