Poemas Abstractos, Poesías, Poeta Nicaraguense Ivette Mendoza Fajardo (Ivette Urroz), Nicaragua, Managua América Central, sacuanjoche, Poemas Contemporaneos, Poemas
viernes, 2 de agosto de 2024
Duermo sobre el vértigo de la madrugada
Duermo sobre el vértigo de la madrugada,
Adivinador, adivino lento de carromatos cargados de penas
Adivino lento de carromatos cargados de penas,
tan dudosas como resignadas al lazo dialéctico de mi tristeza,
sin ombligos zodiacales en la noche interminable,
lenta, inexorable.
Fortificación de caricias estremecidas por barrotes invisibles,
que imponen un exilio autoimpuesto,
escoltado por susurros que agujerean el alma.
¡Indiviso portal de luciérnagas en estíos perpetuos!
Mil cristales marchitos caen sobre lienzos inmóviles,
como el primer grito de un tango en su última nota,
despojando al sarcasmo de su risa extendida,
dejando tras de sí el eco de dolores analfabetos,
corolas ciegas que se abrazan a la cordura perdida.
Filigranas de llagas nuevas, como cicatrices frescas,
glucosa amarga que se balancea en mejillas enlutadas,
cicatriz asfixiada de una era que renace
solo para confundirse con nuestro reflejo.
¡Chilla la noche, automática y sin piedad!
Chilla inclinada hacia los sueños quebrados
en un caos de estrellas y abismos,
donde Galileo, con su telescopio como un dardo,
hería la lengua de la Santa Inquisición.
Llora el alma porque quiere,
llora bajo el látigo implacable de la nada.
Adivino de pensamientos vertiginosos,
soles escondidos donde se levanta el mundo,
donde reposa en un camastro de ideas...
Ivette Mendoza Fajardo
jueves, 1 de agosto de 2024
En el surco de los remolinos taquigráficos
En el surco de los remolinos taquigráficos,
entre pasiones errantes, marca la desidia,
sellada por el tiempo. Yo navegué sin brújula,
sin fulgores, hacia la caldera mutilada de tu risa respingona.
Así te exploré, en tu áurea esencia, expresión nacarina,
que alimenta el fuego de nuestros celestes cuerpos,
creando, sin prisa ni sombra, las hornacinas de un ardor
cuadrilátero y de caricias inconclusas.
¡Temerosa y soberbia, soberbia y temerosa!
Mil presagios han pasado “dándose contra las paredes”,
y tu perfil dominguero, sombrío y efímero,
“cae de bruces” en la quietud de la tarde.
A veces, el silbido redentor “de buenas a primeras”
regresa como un niño azul, trayendo la eternidad
a nuestras almas errantes.
Ahora, la vida me orbita en curvas y puntos suspensivos,
en un torbellino piroclasto que avanza hacia el destino
de tu fábula, como el huracán que arrastra una espiga
frágil y muda por la añoranza prieta del océano,
perdido en el contorno ebrio de la memoria.
¡Ah, señuelo del sendero quieto, cierra tus puertas!
No espero voces roncas de lágrimas ni ilusiones
ocultas en secretos subterráneos; solo una leyenda
de marea límpida que se vierte sobre nuestros cansados pies...
Ivette Mendoza Fajardo
entre pasiones errantes, marca la desidia,
sellada por el tiempo. Yo navegué sin brújula,
sin fulgores, hacia la caldera mutilada de tu risa respingona.
Así te exploré, en tu áurea esencia, expresión nacarina,
que alimenta el fuego de nuestros celestes cuerpos,
creando, sin prisa ni sombra, las hornacinas de un ardor
cuadrilátero y de caricias inconclusas.
Mil presagios han pasado “dándose contra las paredes”,
y tu perfil dominguero, sombrío y efímero,
“cae de bruces” en la quietud de la tarde.
A veces, el silbido redentor “de buenas a primeras”
regresa como un niño azul, trayendo la eternidad
a nuestras almas errantes.
en un torbellino piroclasto que avanza hacia el destino
de tu fábula, como el huracán que arrastra una espiga
frágil y muda por la añoranza prieta del océano,
perdido en el contorno ebrio de la memoria.
No espero voces roncas de lágrimas ni ilusiones
ocultas en secretos subterráneos; solo una leyenda
de marea límpida que se vierte sobre nuestros cansados pies...
martes, 30 de julio de 2024
Mascado y aventurado en el vaivén de las olas
Mascado y aventurado en el vaivén de las olas,
Eneas espumea, de mente sola, ardiente, cargado de deseo,
junto a Morfeo, el más feo, que en su diente porta un trofeo.
Mutado en navío errante, tarareando luz que tarda mil años,
daños de hogueras vacías, en consonancias resonantes,
despliego mi velamen, buscando el rumbo en mares inciertos.
Borrega nocturna, colega de estrellas sorprendida,
que en la oscuridad suscita sueños enredados,
como un eco lejano en el horizonte, en el borde de la razón.
¿Es la inocencia que acaricia la consciencia,
o la fragancia oculta que envenena la mente?
Navego entre momentos excelsos, buscando la esencia
en los rincones asombrosos de tus murmullos.
Me encumbro en la cumbre de tus rumores,
portador de tus olores dorados, tan valiosos como efímeros,
melodrama en ramas dulces, cabalgando distancias insondables.
Sin saber dónde me encuentro, qué emoción persigo,
en qué revolución de tu ausencia me revelé,
persigo la sombra de un sueño, como el galgo
que persigue la nada en esta encrucijada.
Ivette Mendoza Fajardo
Eneas espumea, de mente sola, ardiente, cargado de deseo,
junto a Morfeo, el más feo, que en su diente porta un trofeo.
daños de hogueras vacías, en consonancias resonantes,
despliego mi velamen, buscando el rumbo en mares inciertos.
que en la oscuridad suscita sueños enredados,
como un eco lejano en el horizonte, en el borde de la razón.
o la fragancia oculta que envenena la mente?
Navego entre momentos excelsos, buscando la esencia
en los rincones asombrosos de tus murmullos.
portador de tus olores dorados, tan valiosos como efímeros,
melodrama en ramas dulces, cabalgando distancias insondables.
en qué revolución de tu ausencia me revelé,
persigo la sombra de un sueño, como el galgo
que persigue la nada en esta encrucijada.
lunes, 29 de julio de 2024
Llamada telefónica afónica
Este momento que me das una afónica
llamada telefónica, un alma biónica
se convierte en mi sustento esencial.
Primordial un dial en tu ausencia sin
esencia,
sino de algún modo, como yodo,
fundiré mi ser en la almohada de Ada.
Ella danza, lanzando una lanza, y encuentra
acomodo y declama, y ama con confianza
o devora las horas sonoras.
Recorreré las arterias de tu miseria,
lloraré.
Haré trizas la resonancia de mis ansias al
escuchar las misas dinámicas e
interoceánicas.
En su desasosiego, el trueno quedó ciego,
enclavado en rejas de heno,
porque un puerto anda muerto.
Mis alimañas al hombro del hombre que
nombra
mañas sin dones, drones de escombros,
saboreando ilusiones ando, lumbres de
cumbres
silenciosas como sombras azarosas
que no resuenan en estos versos tersos,
resucitan inmersos en aguas de Managua
con su enagua colorida y afligida.
Ivette Mendoza Fajardo
domingo, 28 de julio de 2024
Haciéndote humo en el laberinto de mi memoria semántica
"Haciéndote humo" en el laberinto de mi
memoria semántica,
te atrincheras en bóvedas estrechas de
quemada irrealidad.
Donde el sol nectarino de indolente
peregrinación
va iluminando en la nigromancia perenne de
la insidia del bastón.
Ese montañoso conjuro surge, conectado a
las calimas clandestinas
que rodean mi mirada en encapotada
ligereza, “como abeja en flor”.
Oh misterio, que “como llovido del cielo”,
va peludeando sus lumbres
en el pellizco enclenque de la aurora de lo
incierto.
“A cuenta gotas”, mis manos se visten de
segundos cenicientos,
vestidura “de brazos cruzados” en
sometimiento ante la cerradura
griposa de metales nómadas.
Soliloquio sobre la mordaza de saturnal
vestigio que debo plantar,
esperándote “con la lengua fuera”.
De la iniciativa hidropónica que se adueña,
enlucida hacia
todos mis sueños con lamentos de lo
improbable,
“con pelos y señales”.
Ah, volverás al ver el rostro edénico de la
vida, para contemplar
un nuevo nombre “con pulso firme”
hasta la última llamada, “con puntos y
comas”,
en esta fugaz paciencia de renovar la
espera.
Ivette Mendoza Fajardo
sábado, 27 de julio de 2024
La noche aclama la flor de sus reflejos
La noche aclama la flor de sus reflejos,
un lienzo de estrellas cae como siglos de brizna,
en los ojos, el fuego ancestral que sugiere
desde precipicios de un oscuro extravío.
La noche decía: “Nunca es tarde, si la
dicha es buena”.
Flor encarnada que solloza dentro de un
cántaro
de gemidos, ve su dicha con furia en
nochebuena,
desgarrada por el tiempo de dolor eterno.
Dimensión sepulcral de ojos vibrantes, y la
flor
que destella visiones de música que toca a
mitad
del sueño fugaz, con voces enigmáticas de
misterios
en los inviernos de la penumbra, “como de la
noche
al día”, pero “a mal tiempo, buena cara”,
¡Oh, cumbre del mundo por las avenidas
lunares
de mi alma! Quilométrica fosforescencia de
flor
de los reinos azules y blancos, grisácea
elocuencia
en segundos que acomete la realidad
desencarnada.
¿Quién como tú rompe la copa de los deseos
por donde el mundo una vez me vio pasar?
¡Ah, flor de los mil reflejos! Te lloré en
cada instante
de candor desanimado, te sentí púrpura como
un
violín desafinado, olí cada color de tu
simiente
hasta las tramas de sus incógnitas
invisibles…
Ivette Mendoza Fajardo
viernes, 26 de julio de 2024
Soy tu pilar del anhelo de sueños y cobijas
Soy tu pilar del anhelo de sueños y cobijas,
pilar ferviente de cuatro paredes,
sólido y seguro, reforzado por el clavo
remendón
que guarda cada una de tus ideas.
Como ese pategallina, firme en tres patas,
nos enseña a mantener el equilibrio,
en el mundo tan tornadizo
como una escuela, un vaso, una sílaba, una
espiga.
Pero, ¿qué hacemos con el reloj
que aún no marca las horas
en tu sonrisa tornasolada?
Las manecillas rotas, el espacio que abre,
un portal al infinito de las cosas venideras.
Siento el clamor celeste al contar mis
estrellas,
cada una, un bisbiseo de querubes estelares,
eco de alegrías y lágrimas en el tiempo.
Yo, tu pilar de anhelo,
me esfuerzo para que el áspero
concreto no desgaste mi piel,
mientras permanezco
como el valeroso guardián de tus sueños.
Como el chilote, cuya luz amarilla
ilumina persistentemente,
brilla en la oscuridad de la incertidumbre,
ofreciendo un fulgor naciente de eternidad.
Ivette Mendoza Fajardo
miércoles, 24 de julio de 2024
Cae la brizna bruna, pegando un jonrón
Cae la brizna bruna, pegando un jonrón,
como si Víctor Hugo lanzara desde Cervantes
hasta Rubén Darío, sobre la almohadilla rabo verde,
dobleteando ante un trofeo erigido
como un gato bravo; en un ¡fas fas!,
se disuelve como Alka-Seltzer en un vaso invisible.
Las palabras, cual pelotas fuera del guacal,
son fildeadas por el viento que, sin pausa,
desbarata la marimba y deja su rastro
grabado en el descontento del acordeón.
Miguel, acalambrado por años de cachipil,
se enfrenta a un panorama desalentador.
No deseo conformarme, prefiero,
en mi extravagante forma, explorar lo ambiguo y distante,
más que lo irrebatible y cómodo.
El tiempo avanza implacable, como una bala;
sin enseñanzas, persiste, ¿qué le ocurre?
El tiempo robó mi juventud en un parpadeo,
indiferente al principio,
dejándome sin palabras, indomable en su curso.
Chancleteado de pies a cabeza,
murmura y habla, un bla, bla, bla sin fin.
¡Oh, no desesperes, amigo!
¿Quieres depender de mí?
Aliento tu espíritu, no me malinterpretes.
Dedico todas mis victorias a tu honor,
si no te atrapan en la confusión,
y me sumo a tu monumental esfuerzo.
Shakespeare, tú eres Romeo; yo, Julieta.
Lágrimas caen, traviesas, en el abismo
de un libro desgastado,
mientras las fiestas radiantes de Pochomil
dan su último adiós.
Los Miserables, cortando el queso,
descendiendo desde lo alto,
pertenecen a un mundo de fantasía,
listos para desafiar a Mr. Fachento,
desde chozas hasta balcones dorados.
Una sombra de dudas: la brizna bruna,
una metáfora de Rubén, el más astuto,
ingenioso sin ostentación.
Ivette Mendoza Fajardo
domingo, 21 de julio de 2024
Como chirolas abismadas a la oscura bóveda celeste
Como chirolas abismadas hacia la bóveda oscura,
arreando tus besos ásperos, cual piedras
pulidas por el tiempo, erosionan mi piel,
dejando huellas profundas en la espuma del alma,
sin extinguirse en la noche amarga
bajo el peso del desconsuelo sombrío.
Ni abrumarlos ni sofocarlos, pues habitarán siempre,
como anhelo febril en este julio caluroso.
Un amanecer envuelto en rocío persistente,
cual lágrimas del alba, besa el día moribundo,
sustituyendo la bruma con los arrullos tiernos
de tu corazón, liberados y frescos.
Como cardúmenes sin fin en aguas gélidas,
mis deseos por tus besos perduran,
acarreados como flores en un vergel exuberante.
Anhelo tus besos, hoy que la soledad me acompaña,
para llorar contigo al amanecer,
cuando el sueño amargo no haya vencido.
Ivette Mendoza Fajardo
arreando tus besos ásperos, cual piedras
pulidas por el tiempo, erosionan mi piel,
dejando huellas profundas en la espuma del alma,
sin extinguirse en la noche amarga
bajo el peso del desconsuelo sombrío.
como anhelo febril en este julio caluroso.
Un amanecer envuelto en rocío persistente,
cual lágrimas del alba, besa el día moribundo,
sustituyendo la bruma con los arrullos tiernos
de tu corazón, liberados y frescos.
mis deseos por tus besos perduran,
acarreados como flores en un vergel exuberante.
Anhelo tus besos, hoy que la soledad me acompaña,
para llorar contigo al amanecer,
cuando el sueño amargo no haya vencido.
lunes, 15 de julio de 2024
Los vientos convulsivos
Los vientos convulsivos provocan tormentas
de desigualdades inexpresivas y de eminente integridad.
La noche, espantada, se despeluca, perdiendo sus sentidos;
chilla como una ambulancia estrellada en el aire,
observada desde miles de años luz, tan lejos, muy lejos de aquí.
El mugiente despertar de las ambulancias
se enfrenta a las calles y techos que gobiernan
una serenidad desdichada,
como afligidos que luchan contra la inductividad de los manotazos,
impidiendo el cuarzo en cuarentena
de su simetría carnal, atrevida.
En el bien y en el mal, hay aluviones de rencor;
el frío castiga, como el apogeo de un día que apenas despunta.
Disipo la tristeza en su coreografía trimestral,
trenzando su voto devorador que flota a través de los siglos.
Sé cómo camina su sentimiento lobado, al cavilar.
Escribo mis temores en su novena costilla auricular:
infecunda, infecunda, infecunda.
Nubes lloran en la paginación golosa del norte,
muriendo como mutantes de moralidad.
Miro los cataclismos pujantes en piélagos de amor,
doy gracias al patrullaje, que se eleva espigadamente,
derramando la esfinge mediadora de medias lunas nacionales.
¡El tormento ululante de perpetua personificación,
rugiendo en la borrasca superdotada!
Ivette Mendoza Fajardo
de desigualdades inexpresivas y de eminente integridad.
La noche, espantada, se despeluca, perdiendo sus sentidos;
chilla como una ambulancia estrellada en el aire,
observada desde miles de años luz, tan lejos, muy lejos de aquí.
se enfrenta a las calles y techos que gobiernan
una serenidad desdichada,
como afligidos que luchan contra la inductividad de los manotazos,
impidiendo el cuarzo en cuarentena
de su simetría carnal, atrevida.
el frío castiga, como el apogeo de un día que apenas despunta.
Disipo la tristeza en su coreografía trimestral,
trenzando su voto devorador que flota a través de los siglos.
Sé cómo camina su sentimiento lobado, al cavilar.
Escribo mis temores en su novena costilla auricular:
infecunda, infecunda, infecunda.
muriendo como mutantes de moralidad.
Miro los cataclismos pujantes en piélagos de amor,
doy gracias al patrullaje, que se eleva espigadamente,
derramando la esfinge mediadora de medias lunas nacionales.
¡El tormento ululante de perpetua personificación,
rugiendo en la borrasca superdotada!
domingo, 14 de julio de 2024
Me asemejo a una gruta de dulzura planetaria
Me asemejo a una gruta de dulzura
planetaria donde
recojo secuencias que detonarían el éter,
la esencia
tendida como velos desgastados en el
regodeo oscuro.
¡Río hasta más no poder ante el sacrilegio
de esta
férvida blancura!
¿Acaso los destellos emanan sus telegramas
puros y celebran
ante mi sangre envuelta en infortunios
esparcida, y la tuya
disuelta, en el entramado de nuestras
heridas?
¡Una fortaleza se desploma en el vacío!
El alfa resguarda a la más fría suavidad de
puntos suspensivos
de Galileo, con su telescopio errante por
los mares inquisitivos.
¿Frente a qué rubor de beso invencible se
reveló el prodigio
de tu oído medio del ocaso, sumido por una
pantera alada?
¡La sed interroga a la herida de oscuridad
degollada!
Navega en percepciones peñascosas en la
derrota de medusas
de un mar que suspira por amor de frutos
encantados,
por otros santuarios con elementos
unitarios del barrunto.
No existen defectos virtuosos sin sed
nacida en la fragancia
de los números ambientales,
ni tumbas sin la pendiente de su declive.
¡El aliento despojado es un corcel de
emociones fragmentadas!
Pareciera ascender cual hierba en la
lejanía,
quizás sólo humo en los olores de prismas
escribiendo
un largo testamento de joyas vírgenes.
Ivette Mendoza Fajardo
miércoles, 10 de julio de 2024
Resuena el clarín y brama (Poesías, poesías contemporaneas)
Resuena el clarín y brama, brama el clarín
y resuena
su puente de plata vehemente, su
malabarismo entrometido.
¿Cómo el paso inexorable de las eras
sobre el criptograma grandioso de la
tierra, entre luchas
carnales colosales?
¡Todo es grandioso, monumental y
metafórico:
un asentamiento eufórico, abultado,
absurdo,
sombrío y extravagante! ¡Descartes y el
Güegüense titilan en
poesías!
La niebla pícara y piadosa flota sobre las
ciénagas; fluctúan
precoces, adineradas de sentimiento.
Mientras, el cataclismo ideal de los
cachinflines
chilla su rapacidad, borrando el tiempo.
Resuenan
como marionetas entumecidas en un día
nublado,
como mentes geniales en noches del toro
guaco,
como la maraca descachirulada
de los espíritus metiches
en la bacinilla eterna de los zopilotes,
de macanas esféricas, viajeras en la
soledad del macachín.
¿Y los dialectos automáticos, macizos y
trágicos,
que en Tipitapa atrapan tapas de rayuelas
en la maturranga,
como en un escenario de maravillas
titánicas?
En esa vastedad, los embatutados de lo
inconcebible
se entrelazan, creando un tapiz
de chibolas y chimbombas luces, dispersados
en la
impaciencia.
Cada paso en esos caminos es un viaje
a través de lo abombado, donde colgar los
guantes
y dar el ancho es salir de un maíz picado.
¡Come pato! Meter la cuchara
lleva consigo adivinar secretos antiguos,
a sabiendas mientras un cartucho cucurucho
vigila, inconmovible,
la marejada constante de la historia humana
atando las lágrimas al poder del corazón.
Ivette Mendoza Fajardo
martes, 9 de julio de 2024
Supuración de lágrimas brunas y brumas fúnebres
Supuración de lágrimas brunas y brumas
fúnebres solicitando
alegrías; ahora, persistente al tormento,
hambre de lobo
alimentándose del seno ulcerado de la
marimba existencial.
Crezco en los dominios espinosos del
destino, y mi atuendo
es un manto de miseria y mordazas
infantiles, eterno en el
arpegio del viento, tan sencillo al
pelícano inmortal.
Sin embargo, mis cantos, espejismos de lo absurdo dentro de lo absurdo,
sumisos y humildes, aglutinan la esencia de
lo virtual a las páginas portátiles,
en todo el aliento pensante de la estirpe y
el susurro del satén.
¿No es acaso la vida un arpegio de
misterios insondables?
Me erijo como pasarela de perfume
poetizado, por divina concesión,
con partitura desafiante al signo
astrolábico del silencio;
ya que mi jerga orgánica brota de rincones
polvorientos, en angustias
erguida en la madurez del vidrio, en la
melancolía dolarizada de rebaños
terrosos, una tonada en el yugo del
desorden.
¡Cuán vasto es el camposanto de nuestras
ambiciones olvidadas!
Engendrando axiomas desde los vinos
despavoridos del vacío,
y su retórica, acurrucada y vagabunda,
tanto imaginada como atroz,
pianos de constelaciones hilvanan
continuamente nuevos cosmos;
afirmo o refuto triángulos en derrota, y mi
ardor titánico resuena
como una filosofía sin ruedas, inmóvil,
rompiendo el reino obtuso del prejuicio
desértico de dolores de cabeza,
el sombrío poblado clerical de lo cotidiano
que busca su sinfín.
¡Oh dolor, de hacienda San Jacinto, cruel y
constante, cuánto aprendemos de ti!
Sobre el vasto camposanto y los sauces
llorones del Cementerio General de Managua,
decrépitos y pardos del mundo, como si
entonaran
los cantares de la lluvia, melancólicos; la
nostálgica
melodía de los tejados es una caricatura
patética de la bicicleta celestial…
¿Dónde encontrar el silencio en el tumulto
de nuestras propias existencias?
Ivette Mendoza Fajardo
lunes, 8 de julio de 2024
En el crujir de teoremas universales
En el crujir de teoremas universales con la
intensidad del fuego,
los códigos románticos y cósmicos me
gobiernan “a pecho descubierto”,
una casualidad argumentada segregada por la
lluvia impertérrita,
salpicada para resucitar briznas de rumores
solitarios hasta el brocal del pozo,
regentes de mi canto natural y sinfónico
que se despliega en medias palabras,
pero se despliega hacia el más allá de la
lira del espíritu, el instrumento del clamor
en esa vasta beldad subconsciente
“mejorando lo presente”, de armadura sigilosa,
lúgubre y precisa, que dirige mis pasos en
la penumbra lingüística iluminada;
atravieso eras cantando como en un vasto
sueño grotesco, como muñecas del deseo,
mi verdad auténtica, de flexibles y
dolorosos versos dentro del corazón de talquezal,
erizos de silencios robustos en el lomo del
candil para iluminar, por la resonancia
augusta y perfecta, quitando saltos
difíciles de comprender,
la excelsa sinfonía de unánime concordia de
sudores sempiternos de la melodía,
los fenómenos convergen hacia ella, hacia
la ceniza fecundada de amores,
y estas manos aciagas avanzan, sonámbulas,
despejando la mundana recreación—
mi clarividencia persigue los senderos de
lo incorpóreo, iluminada y jubilosa;
todo se convierte en párpados que agolpan,
en el canto en mis huesos con
perfume sentimental de mis días de sosiego.
¿Quién dirige los remos de mis mundos que
se desvarían a contraluz?
Ivette Mendoza Fajardo
domingo, 7 de julio de 2024
Las voces me arrastran, como ríos sonantes
Las voces me arrastran, como ríos sonantes
que invocan mi ser,
sin elección, suman sus ritmos errantes por
senderos del
destino ineludible.
Fatal, como la paradójica tonada de la
noche figurativa,
devoro la vida en cada nota del reino
vegetal, sorbo el éter
de mármoles anarquistas, chorreando
fabulosos pájaros intelectuales.
Me desplazo entre sombras melancólicas y
sueños de colosales
angustias sin motivo, sin razón; ¿sin mi
canto,
soy acaso nada dentro del orden lúgubre de
estrellas?
Un eco vacío en el vasto olvido, emancipado
de voluntades golondrinas.
¡El jardín terso de mis versos monologados
adoquina mi pecho!
En los cipreses de sus epopeyas, ante
cadenas vagabundas,
máscara dinámica de melodías, zarandean mi
alma dentro de batallas
oceánicas.
Incapaz de murmurar verdades mundanas,
solo canto, solo puedo cantar, cantar y cantar
dentro de mis auroras boreales.
¡Ah! Me pierdo en la melopea de violetas marchitas;
no hay más palabras.
¡OH Catedral de León que guías mis
sentidos!
Selvas negras grandiosas moldean mi
existencia en su néctar libertario,
en mis huesos abandonados por acordeones
impertérritos.
¿Como se acongoja lo andado, por
leyendas de resonancias y olvidos?
mientras mi flauta, desconocida en su
propia piedra entusiasmada,
canta a ojos cerrados al viento sus
lamentos de antiguas nebulosas.
Desprecio las aguas mundanas a raudales,
triviales y ojerosas,
bajo el peso de lo prosaico y a
regañadientes, doblego bajo la utopía
de mi almohada.
¿Anhelo la quietud de cosas vivientes como
un árbol que sabe sus deberes?
Ivette Mendoza Fajardo
sábado, 6 de julio de 2024
Reconozco el eco silencioso del abismo
Reconozco el eco silencioso del abismo en
las profundidades,
del enfermo pesimismo y del hambre de la
espalda ulcerante,
de la raíz oscura y gentil que pugna por
brotar desde la boca
de su restricta envergadura.
¿La torre sonora del lamento, polvoreada,
se aleja de su mala suerte?
Reconozco la muerte tembleque y su ñata
infinita, aplastada
sin fuerza ni lozanía.
He sentido el desgarro de la carne y el
alma que piensa y machuca.
Los titanes del capital, invalorable dentro
del aburrimiento,
tenían su bestial lógico, afirmaban sobre
el apéndice de su codicia
mientras acariciaban el vacío de sus
entrañas avivando sus neuronas.
¡Cuando “a lo hecho, pecho” es un camino de
misterios y de trigos!
¡Ay, oro del círculo imperfecto sin
añoranza errante!
Pues la existencia cotidiana está infestada
de insectos de platino;
luna venerable de la afonía de los ojos,
como una sabia trovadora,
luna majestuosa como un corcel, luna
antigua como el aforismo,
luna onírica que evapora las lágrimas
metálicas en campana rota;
visionario, lascivo, carnicero amordazado
de imaginación junto
a su desamparo, valiente y cobarde,
camaradería
degustadora de vinos en las turbinas del
tendón, al extremo del
infinito o hacia su norte, probador de rosquillas
metafísicas de lejanía
andando.
Ivette Mendoza Fajardo
(Ivette Urroz)
viernes, 5 de julio de 2024
Se enrosca el arco tirante del alba entorpecida
Se enrosca el arco tirante del alba entorpecida,
lanzando silabarios alados que no dejan cabos sueltos;
luces ahorcadas danzan con tiburones infantiles.
¡Yo, testigo del alba cosmopolita!,
observo cómo el horizonte se tensa y desata
inviernos de luz carmesí y patas de araña.
¿No ves cómo el cielo mismo se desgarra ante tal esplendor?
Contemplo a los ríos, esos dementes que se estiran,
colgando campanas de noches asustadas
en el ramaje obeso de los cementerios.
Es un plato de gallo pinto con chile Congo:
¡Qué locura de contraste!
Siento, en la caricia de planetas recién nacidos,
el aventón frío que roza su moneda fermentada,
sus mejillas virginales de baldosas aún tibias.
Atrapado, un Gueguense metafísico
se desdobla en la escalera de Narciso;
su desnudez pura se enmohece en el contentamiento
de jóvenes sin prisa, llenos de cacahuates,
como su subconsciente sin abismo.
Nos detenemos, embelesados, ante un nido de víboras
que lanzan preguntas envenenadas al aire;
es el plumaje que carga la ira desde el sol,
y yo, ya sin pensar en el amor, observo.
¡Los cíclopes han dejado de danzar en pelota!
¿Había justicia en la edad del pavo?
Con la lengua fuera, llegué a buscar crepúsculos podridos.
Ivette Mendoza Fajardo
lanzando silabarios alados que no dejan cabos sueltos;
luces ahorcadas danzan con tiburones infantiles.
observo cómo el horizonte se tensa y desata
inviernos de luz carmesí y patas de araña.
¿No ves cómo el cielo mismo se desgarra ante tal esplendor?
colgando campanas de noches asustadas
en el ramaje obeso de los cementerios.
Es un plato de gallo pinto con chile Congo:
¡Qué locura de contraste!
el aventón frío que roza su moneda fermentada,
sus mejillas virginales de baldosas aún tibias.
se desdobla en la escalera de Narciso;
su desnudez pura se enmohece en el contentamiento
de jóvenes sin prisa, llenos de cacahuates,
como su subconsciente sin abismo.
que lanzan preguntas envenenadas al aire;
es el plumaje que carga la ira desde el sol,
y yo, ya sin pensar en el amor, observo.
¡Los cíclopes han dejado de danzar en pelota!
¿Había justicia en la edad del pavo?
Con la lengua fuera, llegué a buscar crepúsculos podridos.
jueves, 4 de julio de 2024
He contemplado la sombra de un loro
He contemplado la sombra de un loro en el
lodazal,
perdido en el laberinto de cabangas y
palabras,
lleno de miedo ante el sendero de
carambolas y de maizal,
y haciéndose el chancho, trágico en su
elocuencia,
echaba verbos que le prometían tanto
cómo le arrebataban su dignidad que yacía
en pirinola.
Con el pico rugiendo, vacío de certezas,
charchaleaba,
vacila, a hurtadillas en cada encrucijada.
Sin más ni más, ¡aja con que este era un
bandido!
¿Lo mismo es punta que pico?, ¿y el
güegüense qué diría?
el loro en la masa de su penumbra bajo la
mirada
de un universo de plumas indiferentes le
preguntaban:
¿Pelón pelado quién te peló?
¡Ni por todo el oro del mundo te acerques a
él!
¡Cuidado con las sombras que engañan!
¡Ay, pero qué majes estos que no ven la
verdad!
Aislado dentro de su jaula y una multitud
que lo ignoraba,
saltando, cantaba, cantaba en una estaca de
indiferencia,
sin dueño que le amparara ni voz que lo
defendiera,
ni un dios ante quien elevar sus plegarias
o rencores,
sus retahílas de locuras.
Avanza por un cosmos lloroso y áspero,
de barrotes grises, llovida por los muertos
y recordaba que existía un mundo
tejido de desprecio, golpes y dentelladas,
pero le decían: ¿Quieres más masa lorito?,
¡Habrá más desdén que reconocimiento!
de montañas desbordadas de ironías,
una odisea de persistencia y desesperanza.
Al alba lo he visto, ¡al pendejo ni Dios lo
quiere!,
¡Qué destino el suyo, marcado por el
olvido!
En cada palabra, un desafío a la quirina,
en cada aliento, un acto de rabia lo dejaba
en pirinola
hasta que la noche de pájaro se cerraba,
inexorable,
y aún en su última voltereta de venado
llena de soledades,
pringaba, picoteaba de sarcasmos…
Ivette Mendoza Fajardo
miércoles, 3 de julio de 2024
Enterrados con falanges que observan
De golpes y porrazos, enterrados con
falanges que observan y picados con guarón,
sollozan en las raíces de un momotombo de
exhalaciones
y lienzos de maíz cocido; a veces, se les
pasaba la mano,
imprimiendo los grafiteos de La Modelo
con ardientes estallidos de berrinches
en la presencia oceánica de la mota...
hasta dejar sus ojos como llenos de
ronchas.
¿Hacerlos chingastes?
Al andar por los aguacates,
fijados en las tuzas alastes
de una peineta de desconsuelo,
sus miradas se atollarán como manoepunche
en las espumas de Corn Island,
entre cerrojos de chilates y anhelos de
bejucos
que acarician los velos de la belleza
de ese confín,
en la lejanía acuática, mayate y pinto
oscura...
Sus sienes, como la rencura de un perro
mocho,
más feo que el mal ladrón de Masaya,
galoparán en un mosaico de piedras pómez
desde Piedras Quemadas
y encajes desentejados de eslabones,
donde tormentas de escalinatas hechas de
güirilas
despertarán los pretiles nocturnos.
¿Quedarán como semáforos?
Con un lamento de mañosas despedidas,
¡se pegaron un susto!
En la distancia del Atlántico, en la
distancia perpetua...
Salieron al ruido de los caites,
embarajustadas.
Ivette Mendoza Fajardo
Naciendo torcidos, sin estrellas, los marañistas manantiales
Naciendo torcidos, sin estrellas, los
marañistas manantiales
redefinen los alaridos inexplorados y se
aferran
a llorar y llorar, echándose la vaca dentro
de ellos.
¡No aguantaron el ácido! Andan de brinco en
brinco
sobre las espaldas ocultas de la poesía,
metiendo su
cuchara en esa arrechura sólida de existir,
de cuando en cuando, y a la zumba marumba,
en el chancleteado de piropos diminutos,
armados
no de barro, sino de un olvido rehilado a
leche burra—
¡fuego de maracas consumidas, como polvorón
que susurra
sobre los silencios de quien, con un
hartazgo entre los dedos,
emerge desde el fondo de Tiscapa, sombrío
del espíritu!
¿Acaso es la vida un acto de achichiguar
constante,
a pesar del oscuro cacaste de la noche,
como si todo—como si un chapulín de mala
muerte, como si
gavilanes chirizos en llamaradas iluminaran
las encrucijadas
de nuestras almas con nervios de acero?
¡Pero adelante, ah adelante, guacal del
Toro Guaco!
Has puesto allí, lavando mis senderos
desgastados,
los de siempre, los ya transitados con la
morriña del mundo—
¿Hablarán ellos para desenredar camastros
de dolor
en la desmuelada sonrisa de su tormenta
colevaca?
¡Amanecidos ya con goma, con olor a níspero
fermentado,
se hacen los ñoñecos, alegando tener
calentura de pollo!
Ivette Mendoza Fajardo
Con dichos nicaragüenses
martes, 2 de julio de 2024
Con la blandura de mi alma
Con la blandura de mi alma,
la tristeza erigió su choza de paja y
talalate,
campechanamente
extendiéndose por todos los ángulos de mi
ser
como raíces en la tierra del maíz.
Pero la sombra, ¿no es acaso ella misma una
prisionera?
en un arranque de locura,
en su zozobra, con su mano pachona,
decretó el descalabro, siendo más vieja que
el pinol
acusaba a la tristeza de amelcocharse en
sus dominios con sigilo. ¿Saldrá jodida de
razón?
¿No será este el eterno danzar de antiguas
penas?
Quedando en un quedar, y metiendo su
cuchara
para resolver un bochinche, en un acto
herculino,
nombraron un testigo Masaya, huésped de mi
pecho
quien ya amanecía siempre de luna,
el pobre corazón, en su danza del garañón,
con sus patas para arriba
no pudo pronunciar un dictamen deacachimba.
En su lugar, sin ni más ni más me sentenció
a implorar,
deseando que tristeza y zozobra no cedan su
espacio
a la radiante esperanza, ¡dijo aquí mando
yo
y los tendré a mi lado, eternamente!
¡Oh, mi corazón obstinado, ve para arriba
ve su barriga!
Bulliciosamente desmarimbó cualquier
súplica, jayanamente
como acostumbra meter palos en las ruedas
¿y ahora qué, mete el miedo con no despachurrar su choza de talalate,
si oso hacerme la loca con su chiflado
mandato? ¡Ay de mí!
Ivette Mendoza Fajardo
lunes, 1 de julio de 2024
Besos de fuego
¡Oh, amor, te brindo las tormentas de mis besos de fuego!
Arden delirantes en los rubíes salvajes de mi pasión,
mientras el mundo se convierte en un pañuelo bordado
con los colores vibrantes de mi tiara.
Llora un chigüín, llora hasta desfallecer,
en la lasitud de mis precipicios hambrientos,
donde una garúa despeina los días de vuelos,
transformándolos en malabarismos tejidos con huellas de pinol.
Lágrimas que se vuelven sacuanjoches,
explosiones bajo arcos de madroños en flor,
relámpagos que parten el hielo en el amor,
elixires sin memoria que desgarran el canto de los cenzontles.
Subidas que zarandean el retiro de las abejas,
y un coraje devorado que juega a ser pantomima,
mientras en una Managua desolada,
un corazón de helechos florece en la selva negra.
Ivette Mendoza Fajardo
Arden delirantes en los rubíes salvajes de mi pasión,
mientras el mundo se convierte en un pañuelo bordado
con los colores vibrantes de mi tiara.
en la lasitud de mis precipicios hambrientos,
donde una garúa despeina los días de vuelos,
transformándolos en malabarismos tejidos con huellas de pinol.
explosiones bajo arcos de madroños en flor,
relámpagos que parten el hielo en el amor,
elixires sin memoria que desgarran el canto de los cenzontles.
y un coraje devorado que juega a ser pantomima,
mientras en una Managua desolada,
un corazón de helechos florece en la selva negra.
domingo, 30 de junio de 2024
De un jicarazo se despabiló
De un jicarazo se despabiló
la otra mitad de nuestra existencia
en el ocaso carepalo vespertino,
sin transmutaciones enclenques de ron en
pío quinto
ni milagros de perrerreques ni atolillos en
la penumbra.
Desde la lejanía oímos a las guardatinajas
del reproche,
y la carajada se nos reveló en susurros
pinoleros,
así que le dimos la vuelta a la tortilla
y elegimos amarnos como dos tortolitos,
erigiendo una Asososca de deseos
en el epicentro del Momotombo, nuestra
alcoba.
Dando un quiebro antes del alba,
andábamos a rienda suelta,
jugábamos a la rayuela sumisa infinita,
ofreciendo tamales malhechos como espíritu
de contradicción,
mientras contemplábamos la ciudad desde el
mirador
de Catarina.
Resolvimos enterrar aquellos amarres de
caras asustadas
y brindar con una Toña por nuestro efímero
noviazgo.
Ivette Mendoza Fajardo
Con jerga nicaragüense
Al comal y al pinolillo
Al comal y al pinolillo,
tejedores del júbilo en el cenit de la
marimba,
concebidos al tacto de lo nica,
jeva del crepúsculo en llamarada,
encantadora de tu mirada más tuani,
¡tremenda, tremendísima!
Patebreque peregrino de trancas mudas,
noble canillera de mi ser entotorotado,
ritmo chiflado de alas chambonas,
repentino cacho quemado en el confín.
A todo mamón, sutil habitante de mis días,
te convoco con el descalabro de los justos,
del mandado ilícito,
para comunicarte la fatal vista hacia el
icaco
de ser besuqueada en el aposento cordial
que ha sido tu santuario en mi atarantado
corazón,
y que tus ojos han rechimado de sueños.
A mucha honra, te concedo hasta
mi último aliento de extremo a extremo
—que quede claro—
para acatar esta sentencia chocha,
de poder a poder, arrasaré mi pecho de
charrangachanga,
sin miramientos sabijondos, ¡cada loro en
su
guanacaste!
Sobre esta manta rígida
Sobre esta manta rígida se estrella
la timbuca sinfonía de las olas patulecas;
en la bruma labiosa que besa mi semblante,
se revelan las venas vaciadas
de un madroño desgastado,
el cachimbo de aromas del incienso
bazuquero,
lejos de sus fervores y los plásticos
retumbos
del milenio a borbotones.
A carta cabal, el confundido en su sofocado
retiro,
oscila entre la confianza y la duda de esta
runga, ¿qué nota?
la camellada de los buitres, a plena vista,
las estelas huesudas y vibrantes de su
descosida caballada.
Desenrolla la lengua en tu mente de papel
enloquecida,
desafiando a la arrogancia salina y jayana,
a diestra y siniestra, la sutil farsa de
los océanos
que recogen el ocaso de las trampas
torcidas,
la arrecha rectitud del primer desmadre
anual.
Al intentar caminar sobre el texto
sulfúreo,
descubro, frotando mis pies, joyas
ahuevadas,
lunares enterrados en la arena.
Ivette Mendoza Fajardo
sábado, 29 de junio de 2024
Pereque de tierra natal
Pereque de tierra natal, se temblequean
en el travesear de tufos desérticos,
de pulsos amocepados que apelmazan,
azareados,
en las vetas del tiempo.
Bajo la mirada del bochinche,
la neblina andrajosa danza cañanbuca,
desmarimbando el despelote con las macanas
de sueños niquiriches.
En esta ciudad, pipiriciega de trampas,
para rebanar la onda de almas errantes,
se sulibeyan los berrinches de un venado
entre el vulgareo y el vocerrón.
El zopilote de un trueno trompudo, ebrio
de horizontes sin trancas desvanecidos de
tereques,
susurra secretos al viento robacunas.
Esa hechicera mechuda lambisquea un hacha,
desafiante,
para darle un bojazo a la ira dormida
de los peluches terrenales.
¡Oh, qué carambada!
Los cañanbucos, testigos de Masaya de
antiguos ultrajes,
son ahora charamuscas de esta metrópolis
cuya esencia chiflada arde, feroz,
chimando coyundazo como el llanto silente
de la Mocuana.
Bajo el metiche yugo de miradas que todo lo
devoran
dentro del pocillo, nos volvemos a
desencuevar
hacia los enzacatados de acero de la era
moderna.
Hasta el cerco, un jugado de cegua
al asfalto motetero que corre por nuestras
venas rebanó,
palmado donde nuestros ojos deben ser
cuchillos
con tanta pinchería, más pinches que la
opulencia
sobaqueado de la pizpireta tranquilidad.
Ivette Mendoza Fajardo
jueves, 27 de junio de 2024
Martirizado, siniestro resquebrajado de amor
Martirizado, siniestro resquebrajado de amor,
una hebra de melancolía se retuerce, aclamando
el silencio de tanta perpendicularidad,
de tanta travesía mortecina,
fotografiando en su pesadez, escuálida,
la opinión de una luz
maravillosa, hospitalaria,
oscura y perenne en una mañana agitada
por paradojas de silbidos y pacas de clemencia.
La humareda calibra un dejo, un esternón roto,
lleno de suspensos, como una telenovela llorona.
Los sufribles vapores chorrean falanges
sobre ladrillos lesionados,
y aquellos vientres al céfiro doliente
visitan en compañía las pupilas juveniles.
Las maquilladas de becerros endulzan fuegos,
arrugas corteses;
la estepa militar de la llamarada.
Ivette Mendoza Fajardo
una hebra de melancolía se retuerce, aclamando
el silencio de tanta perpendicularidad,
de tanta travesía mortecina,
fotografiando en su pesadez, escuálida,
la opinión de una luz
maravillosa, hospitalaria,
oscura y perenne en una mañana agitada
por paradojas de silbidos y pacas de clemencia.
lleno de suspensos, como una telenovela llorona.
Los sufribles vapores chorrean falanges
sobre ladrillos lesionados,
y aquellos vientres al céfiro doliente
visitan en compañía las pupilas juveniles.
Las maquilladas de becerros endulzan fuegos,
arrugas corteses;
la estepa militar de la llamarada.
martes, 25 de junio de 2024
La divina molécula de colosal travesura
La divina molécula de colosal travesura
no permitió que en sus aristas acariciantes
y felices, ningún vicio se ocultara
sin ser desafiado en la quinta resonancia
de su humanismo enhebrado.
Las negras marañas exhalaron sus alientos,
filamentosos, de centrípetas alas
sobre los huesos esparcidos de luna
punteada;
sus pupilas se convirtieron en música
sombría
que repetía: “por el hilo se saca el
ovillo”,
taconeando en arpas huérfanas de un miedo
feroz.
Cien cuervos agrietaron el cielo en una
hidratación
odorífica de tinieblas depiladas de un dolor
insincero,
surcando los estigmas celestiales de absurda
desvalidez.
Escarneciendo los vestigios de lo que fui,
ligué mi esencia al génesis de mi alma
incomprendida. ¡Ah, taimada desmesura!
Ahora, el azogue pregona en el devenir de
los tiempos.
Comercializo sombras y luces desprovistas de
melancolía,
orejas griposas que bailan el tango de la
muerte
en la noche estrellada de versos, en el río
Danubio,
bajo los soplos bucólicos del viento,
en el lecho lexicológico de la polifónica
vida.
Ivette Mendoza Fajardo
domingo, 23 de junio de 2024
El ave desobediente que penetró en mi mente
El ave desobediente que penetró en mi
mente,
no hallará escape en cubrecaliz insonoro,
ni siquiera por la melena numérica del
pensamiento.
Sus alas saltanejoso han sido depiladas, su
vuelo truncado.
¿Dónde encontrará su reposo en este
laberinto?
No alcanza vaciedad en manchón imperativo,
¡No habrá retorno expresionista ni
metamorfosis desopilante!
No seremos testigos de un nuevo Pericles.
La idea de una contienda sumergida en la
sapiencia de los clásicos,
del montículo de oro no inquieta mi
descanso nocturno.
¡Qué ironía contemplar la grandeza sin
temor a la derrota!
En el témpano redoblón anida sus sueños en
la cúspide humana,
la cabeza novísima se abate bajo un follaje
de reflexiones intrigantes,
mientras el enjuiciamiento enojón alcanza
su apogeo en el crisol del ser.
El ensamblaje de palabras apologéticas
murmura en tono solemne:
-Apéndice abstracto del manuscrito en la
tentación usurpada de abrojos-
Homero diserta, amarilla la esencia de un
antiguo pasaje de emociones,
sin perturbar mis sueños que se acalambran
al escuchar un dueto de dulzura,
¿Será acaso la eternidad la que dibuja
estos anhelos?
No a la meditación sobre un libro alucinado
y habilidoso al incentivar anhelos.
The disobedient bird
that penetrated my mind
The disobedient bird
that penetrated my mind,
will find no escape in
a soundless chalice cover,
not even through the
numerical mane of thought.
Its fluttering wings
have been plucked; its flight truncated.
Where will it find
rest in this labyrinth?
It doesn’t reach
emptiness in an imperative blot,
There will be no
expressionist return or uproarious metamorphosis!
We will not witness a
new Pericles.
The idea of a struggle
submerged in the wisdom of the classics,
from the golden mound,
does not disturb my nightly rest.
What irony to
contemplate greatness without fear of defeat!
In the rounded ice, it
nests its dreams in the human peak,
the newest head bows
under a foliage of intriguing reflections,
while the irate
judgment reaches
its peak in the
crucible of being.
The assemblage of
apologetic words murmurs in a solemn tone:
-Abstract appendix of
the manuscript in the usurped temptation of thistles-
Homer lectures,
yellowing the essence of an ancient passage of emotions,
without disturbing my
dreams that cramp upon
hearing a duet of
sweetness,
Could it be eternity
that draws these longings?
Not to the meditation
on a hallucinated and
skillful book
encouraging desires.
Ivette Mendoza Fajardo
sábado, 22 de junio de 2024
En el lecho de zumo ciclonópata
En el lecho de zumo ciclonópata
de la enfermedad, la espera mana
corazones consumidos que se suman
al notar mi precipitado insomnio,
escuchando su voz cleptómana
de noches enteras.
La mudez cinética es la sombra
venenosa lavando las generaciones
con disfraces perdidos. Me nombra
fría entre dopados crepúsculos,
saboreando los delirios de una muerte
barroca, mezcla de tranquilidad y pena.
Curiosidad incriminatoria, deontológica,
tiene tanto que decirme que tienta
al borde del precipicio, como un eje
depresivo que le pone la soga al cuello.
En el lecho de zumo ciclonópata
de la enfermedad, el ruido de la vida
debilita la melancolía y las flores
de troyanos lamentos, última agonía
de la humanidad maniatada de
resurrecciones verde olivo y
gozo derrumbado.
¡Ah, zarzales de rostros incoherentes!
¿Por qué Edipo muerde lo imposible?
Nací de un rayo de luz de soledad
infinita, moviendo las tinieblas en una
aurora dualista de ensayos y errores.
In the bed of cyclonopath
juice
In the bed of cyclonopath
juice
of sickness, the wait
exudes
consumed hearts that
join
upon noticing my
rushed insomnia,
listening to its
kleptomaniac voice
of entire nights.
The kinetic silence is
the venomous shadow
washing generations
with lost disguises. It names me
cold among drugged
dusks,
savoring the deliriums
of a baroque death,
a mix of tranquility
and sorrow.
Incriminating
curiosity, deontological,
has so much to tell me
that it tempts
at the edge of the
precipice, like a depressive axis
putting the noose
around its neck.
In the bed of cyclonic
juice
of sickness, the noise
of life
weakens melancholy and
the flowers
of Trojan laments, the
last agony
of humanity bound by
olive-green
resurrections and
collapsed joy.
Ah, brambles of
incoherent faces!
Why does Oedipus bite
the impossible?
I was born from a ray
of infinite solitude,
moving the shadows in
a
dualistic dawn of
trials and errors.
Ivette Mendoza Fajardo
jueves, 20 de junio de 2024
Estrella abogada como buen samaritana
Estrella abogada
como buen samaritana
que es desaliñada por desliz y por su
contorno,
yo soy la lucha como chivo expiatorio
y solamente cargaba el cuerno de la
abundancia,
no la boca que polariza, miente, ofende,
a mi pulsación electromagnética en el
plasma
de mis días,
y cuando su constante lumínica guarda queda
infrarroja.
¿Quién puede comprender el dolor de mi
lucha eterna?
¡Ay, anestesia factorial de lenguas
entrelazadas!
con el movimiento de palabras textean solas
yo soy el parto de Saturno que cruje el
peso de su luz
cuando afilados bailes arrancan a carne
viva el quinteto
índigo de mi alma.
En la variedad de tus besos de carmín yacen
los espectros
en pie de guerra
agitan sus fuegos en muertes siderales como
un foco ciego
de inflamadas geometrías,
en las muy afortunadas noches de confusión,
el asombro
es un virus de alta acrobacia de turbinas
vaporizadas y se
deja caer sobre el amor en soplos, luego se
engorda hasta morir.
Soy como Penélope, diosa que teje y desteje
la ilusión y la ausencia,
tristeza doy, más ingrata en su cama de
olivo que llora y espera,
aquella locución mágica que implorara el
regreso de Ulises
para una vez besarlo y amarlo en una alcoba
oscura.
¿No es acaso la espera la más cruel de las
penitencias?
Star advocates like a good Samaritan
Star
advocates like a good
Samaritan
that is disheveled by
slip and by her contour,
I am struggling like a scapegoat
and only carried the
horn of plenty,
not the mouth that
polarizes, lies, offends,
to my electromagnetic
pulse in the plasma
of my days,
and when its constant
luminescence remains infrared.
Who can understand the
pain of my eternal struggle?
Oh, factorial
anesthesia of intertwined tongues!
with the movement of words,
the text alone
I am the birth of
Saturn that creaks under the weight of its light
when sharp dances tear
at the indigo quintet
of my soul.
In the variety of your
carmine kisses lie the specters
ready for war
stirring their fires
in sidereal deaths like a blind spotlight
of inflamed
geometries,
in the very fortunate
nights of confusion, astonishment
is a high acrobatics
virus of vaporized turbines and it
falls upon love in
breaths, then fattens until it dies.
I am like Penelope, the
goddess who weaves and unweaves illusion and absence,
I give sorrow, more
ungrateful in her olive bed that cries and waits,
that magical speech
implored the return of Ulysses
to once kiss and love
him in a dark chamber.
Is not waiting for the
cruelest of penances?
Ivette Mendoza Fajardo
Al pie de la letra guían nuestros santuarios
Al pie de la letra guían nuestros
santuarios
que habitan el edén de escamas flotantes:
Como profundo y diáfano su lente divergente
en la concavidad de sus animosidades que
dejan los monocromáticos ósculos de espumas
etéreas
y es el estremecimiento de espasmos
ancestrales
que escarban mis sienes en su punto de
rocío.
¡Qué magnificencia encierra nuestro edén de
escamas flotantes!
Ahora la llama es apenas un roce dicho y
hecho
en la sinuosidad del tiempo ante su onda
oscilatoria,
sobre un trecho recorrido en algas que
duermen,
como un lirón junto a sus calideces y
remembranzas.
Nos guía el edén y echa a rodar sus azules
armaduras
ungido de esencias echando raíces de
salamandra y nereidas;
de tatuadas dermis de arcángeles inermes,
de serafines que
van dejando un hálito de frutos pecaminosos
dejando así
las venideras estrellas de serenidad en la
memoria.
¿Quién puede negar la guía profunda de
nuestros santuarios?
To the letter, our
sanctuaries guide us
To the letter, our
sanctuaries guide us
that inhabit the Eden
of floating scales:
As deep and diaphanous
as their divergent lens
in the concavity of
their animosities that
leave the
monochromatic kisses of ethereal foams
and it is the shudder
of ancestral spasms
that scrape my temples
at their dew point.
What magnificence our
Eden of floating scales holds!
Now the flame is
merely a touch, said and done
in the sinuosity of
time before its oscillatory wave,
over a stretch
traveled in sleeping algae,
like a dormouse next
to its warmth and remembrances.
The Eden guides us and
sets its blue armor
rolling
anointed with essences
rooting salamanders and nereids;
of tattooed skins of
defenseless archangels, of seraphim that
leave a breath of
sinful fruits thus leaving
the coming stars of
serenity in memory.
Who can deny the
profound guidance of our sanctuaries?
Ivette Mendoza Fajardo
miércoles, 19 de junio de 2024
A buen recaudo, el umbral sereno
A buen recaudo, el umbral sereno
grita a corazón abierto sus gentilezas
y llega sutil y dulce a su vejez de
varicelas.
Ni materia contradicha ni alma a sangre
fría.
Portaba la inclinación cleptómana de un
navío,
doblemente ciego, y una luz de alba de
inercia neuroléptica.
No era cadencia de prejuicio semántico, ni
melodía
de sugestión naciente, ni color tangible de
superegos.
¿Qué sentido tiene esta danza? ¿Por qué el
corazón se esconde?
El corazón, a todo trance juega, pero
narrar no podría,
porque no tiene forma al abrir su mano,
ni sus picos en sus ejes carcelarios, ni en
forma contiene
un tiempo en cuestión.
¡Oh, maravilla de las sombras! ¡Qué inmensa
la casualidad!
Lengua, arcilla mortal de hipnotismo
inicial,
cincel torpe de subjetividad suicida que
abarca
el requiebro puro del concepto chamánico
en esta plasticidad simbiótica de mi unión
alámbrica.
Entona suavemente, humildemente,
la alucinación, la sombra, la casualidad
que se adorna
con garras mitológicas,
mientras me llena el alma entera de sus
lobotomías
circunspectas y plenas.
Safely, the serene threshold
Safely, the serene
threshold
cries out its
gentleness with an open heart
and arrives subtle and
sweet to its age of chickenpox.
Neither contradicted
matter nor cold-blooded soul.
It bore the
kleptomaniac inclination of a ship,
doubly blind, and a
dawn light of neuroleptic inertia.
It was not the cadence
of semantic prejudice, nor melody
of nascent suggestion,
nor the tangible color of superegos.
What sense does this
dance make? Why does the heart hide?
The heart, at all
costs, plays, but could not narrate,
because it has no
shape when it opens its hand,
nor its peaks in its
carceral axes, nor does it contain
a time in question.
Oh, wonder of the
shadows! How immense the coincidence!
Tongue, mortal clay of
initial hypnosis,
clumsy chisel of
suicidal subjectivity that encompasses
the pure break of the
shamanic concept
in this symbiotic
plasticity of my wired union.
Softly, humbly
intones,
the hallucination, the
shadow, the coincidence adorned
with mythological
claws,
while it fills my
entire soul with its circumspect
and full lobotomies.
Ivette Mendoza Fajardo
domingo, 16 de junio de 2024
Desde el confín y a contratiempo inerte de la razón