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sábado, 9 de abril de 2022

Floresta de milagros, sudando susurros vociferantes

 

Floresta de milagros, sudando susurros vociferantes.
El cielo es la fermentada verdad de leones dormidos.
Acaso el saqueo de virtudes ataca entre signos absurdos,
la santificación del estómago fastidia al equilibrio
puntual de su asfixia.
La bacteria, la flema con sus pies ensangrentados
siempre estarán en deuda con nosotros, y
el humo recalcitrante no está en su sueños enfermizos,
ni argumenta la jerga escarlata de la piedra vencedora.
Un poco más allá,
en las rodillas doblan la inmutabilidad de las cosas.
Si pudiéramos hechizar la sangre sonora de los mares,
transformarla en los dones terapeutas de la vida.
Retornar al consuelo de la balanza que ilumina, 
remedar un laberinto de voces de aguas temperadas.
Desenrollar nudos en la garganta de los astros,
vigorizarlos, surcando silencios temerosos de pequeñas
sonajas sobre continentes multicolores que van acortando
el tropiezo de sus muertes anti psicodélicas.
Ivette Mendoza Fajardo