En un colocho sin tregua de escobilla amarga
arde la yesca del papasal bajo luz mordida;
no gira el pivote ñato de la fisura
ni el pereque cansado aprende manso.
Se finge un bodoque sobre el remanso
de un bebedero labioso y encendido;
después, la claridad cae embullada
y la caraña vuelve a su tajo escaso.
Eso parece el turno de la piedra espinuda:
mirar boquearse el nudo en la talqueza
sin que un motete de astilla responda.
Si el cedro queda abierto y nadie cede,
¿para qué sirve esta vaina tramposa
que lo totolee por dentro y lo desborda?
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© 2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
Todos los derechos reservados.
arde la yesca del papasal bajo luz mordida;
no gira el pivote ñato de la fisura
ni el pereque cansado aprende manso.
de un bebedero labioso y encendido;
después, la claridad cae embullada
y la caraña vuelve a su tajo escaso.
mirar boquearse el nudo en la talqueza
sin que un motete de astilla responda.
¿para qué sirve esta vaina tramposa
que lo totolee por dentro y lo desborda?





































